1. LA FUNCIÓN EDUCADORA DE LA FAMILIA
Para que la familia pueda cumplir adecuadamente su función educadora,
debe estar sana desde un punto de vista psicoafectivo. La vida afectiva de la
familia se desarrolla a través de las relaciones entre sus miembros. El tipo de
relación entre padre-madre-hijos es la clave para una vida familiar sana. Las
relaciones son sanas cuando se desarrollan dentro de un equilibrio amoroso. Claudio
Naranjo afirma que “una familia sana sólo puede estar integrada por individuos emocionalmente sanos, y que la auténtica salud, tanto
intra-personal como inter-personal, proviene de la existencia de un equilibrio amoroso
en las relaciones”.
C. Naranjo, como tantos otros
autores reconoce que la incapacidad para las relaciones humanas, en realidad es
incapacidad de amar, más específicamente, “es la incapacidad para obedecer el
mandamiento cristiano de amar a nuestro prójimo, amarnos a nosotros
mismos y amar
a Dios, lo que nos impide mantener relaciones verdaderamente amorosas con
los que nos rodean.
Según Naranjo, la dificultad
que tenemos de amar es debida a la falta de armonía en nuestro interior entre
los elementos padre-madre-hijo. Esta pequeña trinidad, reflejo de la Trinidad, es
la base de nuestras primeras relaciones en las que nos jugamos la verdadera
experiencia de amor. El desequilibrio entre el amor que se recibe y el amor que
se da, afecta al “yo” personal que está en la raíz de todo lo que somos y
hacemos”. (Cf. G. Mora, La vida cristiana, teologia
moral fonamental. Edicions Facultat de teologia de Catalunya, Barcelona 2004,
p. 36)
Fundamentamos la dignidad de
nuestro “yo”, en el amor que recibimos, de la misma manera que adquirimos la
responsabilidad de dar a otros el amor recibido.
Sin embargo, ya desde nuestra
temprana infancia, experimentamos el desequilibrio en el amor. La angustia y el
sufrimiento que ocasionan estas experiencias, fraguan lentamente nuestro ego-carácter,
el cual se convierte en una especie de segunda naturaleza o falso yo.
Hablando de
desequilibrio en el amor
- ¿Detectas
algún desequilibrio en vuestro amor de pareja? Ponle nombre concreto:
Tensión, enfado, susceptibilidad, cerrazón, crítica, juicio, silencio, etc.)
- ¿Cómo
reaccionas tú cuando no recibes el amor que esperas?
2. LA FAMILIA SOLO EDUCA
LA PERSONA DESDE EL AMOR
La función educadora de la
familia es inevitable. Educa para bien o para mal. Pero para que la educación sea
integral, requiere que toda su acción sea «organizada
y vivificada por una visión sapiencial, por un objetivo supremo» (J. Maritain, Per
una filosofía dell'educazione, La Scuola, Brescia 2001, pp. 126-127.)
La educación tiene necesidad de
un ideal que supere a cualquier otro ideal. Y esto es el amor: anhelo
inevitable, «inscrito en el DNA de cada hombre y de
cada mujer de la tierra», punto
clave de la experiencia humana de la cual no se puede huir, bajo pena de sufrir
el sinsentido y la desesperación. (E.M. Fondi, Dio Amore nell'esperienza di
Lubich, Roma 2000.)
Hablando de visión
sapiencial, de ideal y objetivo supremo
- ¿Cuál es
tu objetivo supremo, tu visión sapiencial, tu ideal educativo?
- ¿Qué
echas en falta a tu acción educativa?
3. PARAR LA
MAQUINARIA DEL EGO-CARÁCTER PARA PODER EDUCAR EN EL AMOR
Estamos
de acuerdo que lo más importante respecto a
la educación en el campo afectivo, es
la necesidad que tenemos de desarrollar
la capacidad de amar. Hoy, ningún médico duda que la salud es inseparable de la capacidad de amarse a sí mismo y
amar a los otros. Por eso tenemos
necesidad de una pedagogía del amor
y aprender a aplicarla en un
entorno educativo sano. Sabemos que aparte de la
necesidad de proporcionar calor, comprensión y seguridad psicológica, es
necesario ocuparse adecuadamente
de la ambivalencia infantil con que crece la
gran mayoría de la gente en nuestra sociedad
como resultado inevitable de haber vivido unas relaciones familiares poco
maduras, debido al ego-carácter que los padres proyectan inevitablemente en los
hijos, si no son conscientes de ello. Los hijos, a su vez, ya en la
primera infancia, desarrollan su propio ego-carácter.
Cuando
Juan Pablo II habló en París en la Unesco, hizo una distinción entre “adiestramiento” para tener y “enseñanza” para ser, y no únicamente como ser, sino como “ser con
los otros” y “ser para los otros”.
El psiquiatra
escocés R.D. Laing anota en el inicio de su Coloquio con los hijos que: “los hijos
desempeñan un rol importante en el “crecimiento y desarrollo” del adulto, como
nosotros adultos lo desempeñamos en el suyo”.
Ahora
bien, para que el amor sea el elemento educador de las relaciones familiares necesitamos aprender a "parar la
maquinaria" de nuestro ego-carácter, empezando por
los padres.
Es
indudable que el amor existe entre padres e hijos, sin embargo no es tan claro
que todos tengan conciencia de cuán a menudo el amor brilla por su ausencia
cuando es el ego-carácter quien toma el mando en la relación familiar.
Dado
que el ego-carácter reacciona en base a los apegos, forma parte de una polaridad en la que amor y desapego son el otro polo. Parar la maquinaria del ego-carácter equivale a buscar el desapego
cultivando el genuino amor que sólo puede
emanar del abandono de sí (Frankl lo llama “distanciarse de sí”) y la entrega (“autotrascenderse”). Y también a la inversa, no hay mejor medio de alcanzar el desapego que a través del amor.
Toda
esta reflexión nos lleva al ego-carácter. Conocer el ego-carácter es el primer
paso para parar su actividad. El objetivo de este trabajo es aprender la
pedagogía del amor como elemento educador de la familia.
Hablando de parar la maquinaria del ego-carácter
·
En
momentos de tensión y frustración, ¿cómo reaccionas?
·
¿Qué
necesidad-expectativa sientes frustrada en esas ocasiones?
Juego imaginario
Imagina
que una noche se te aparece un ángel de luz en sueños y te hace la siguiente
proposición: “Si te distancias y desapegas del principal rasgo de tu
ego-carácter, de aquel rasgo que te crea más dificultades en tu relación con tu
pareja, jamás volverás a tener problemas con tu pareja y vuestra relación
transcurrirá feliz y llena de amor y vuestros hijos tendrán los mejores padres.
Para que esto sea posible, ¿de qué rasgo-apego de tu ego-carácter te
desprenderías primero?
4. QUÉ ES EL EGO-CARÁCTER
Todos reaccionamos de una manera
determinada en momentos de tensión, estrés o conflicto. Cuando las cosas y las
personas no responden a nuestras necesidades, decimos que nos sale el carácter
(el rampell). En estas ocasiones solemos decir: “soy así”. En realidad no “soy
así”, simplemente he aprendido a reaccionar de esta forma cuando me siento
frustrado. Cuando reacciono de forma inadecuada, no es con el amor que yo me
expreso.
- ¿Quién
tiene el mando en situaciones de tensión, conflicto y estrès?
El ego-carácter. Para
comprender qué es, veamos cuatro ejemplos concretos de cómo se forja en la
primera infancia, y cuáles son sus consecuencias:
4.1 Ego-carácter
escrupuloso, rígido, obsesivo.
Padres excesivamente
controladores o que castigan con mucha facilidad, fijan un umbral muy reducido
para que el niño se exprese o se comporte con espontaneidad, el cual siente la
necesidad de compensar este reducido umbral de movimiento afectivo, siendo
escrupuloso, rígido y obsesivo para no defraudar a sus padres y recibir su
aprecio. Con el tiempo se produce una degradación emocional. “Debo hacerlo todo
“escrupulosamente” bien, para que mis padres y los demás me quieran. Así evito
sufrir”.
4.2 Ego-carácter histriónico-histérico.
Padres
que rara vez critican o castigan, y además sólo refuerzan las conductas que
ellos aprueban y de forma variable, fijan un umbral muy amplio en el que el
niño debe aprender a hacer de todo y lo que sea para ser visto, reconocido y
valorado. Estos niños experimentan frustración al solicitar la atención de los
padres y exageran las conductas para asegurarse halagos y afecto. Si no lo
hacen, sus padres les ignoran. Sólo los comportamientos caricaturizados
atraviesan el umbral a partir del cual los padres notan que están ahí y hacen
comentarios aprobatorios. Cuando los padres son incapaces de identificar esta
dinámica, se entra en un círculo vicioso en el que cada vez se necesitan
esfuerzos más exagerados y desesperados para mantener el mismo nivel de
atención. Estos niños entran en la adolescencia con una sed insaciable de amor
y atención. “Debo hacerme ver como sea, para ser reconocido, valorado y querido”.
4.3 Ego-carácter paranoide.
El
futuro paranoide suele tener unos padres «controladores, despreciativos. Son
padres que esperan y demandan lealtad hacia la familia, y cuando el hijo no
responde a la lealtad, se le administra un duro castigo mediante una actitud
fría y seria, así como un mensaje implícito de que el niño es tan
intrínsecamente malo que justifica el duro castigo. Por otra parte, los padres
del futuro paranoide esperan autonomía y castigan la dependencia emocional. Ejemplo:
Si el niño se pelea, la respuesta de los padres puede ser: «¿Qué hiciste para
provocarlo?». El resultado genera un adulto aislado y receloso, que lucha por
no necesitar a los demás, detesta la dependencia y nunca pide ayuda. “Debo
tener cuidado y no dejar que los otros se aprovechen de mi”. “Si una persona es
amistosa, debe estar intentando utilizarme”.
4.4 Ego-carácter fóbico-evitativo.
Los
padres del futuro ego-carácter fóbico-evitador favorecen y potencian una imagen
social deslumbrante, impresionante y admirable del niño, y reaccionan ante los
errores y las imperfecciones como algo extremadamente vergonzoso para la
familia y reprimen sus errores e imperfecciones mediante burlas y humillaciones.
Los defectos son objeto de burla y actitudes degradantes y, como consecuencia,
se genera un umbral reducido de sensibilidad exagerada ante la posibilidad de
ser humillado. El futuro fóbico-evitador, en primer lugar empezará a ocultar
todo aquello que pueda ser considerado como una imperfección o que pueda
alimentar los comentarios negativos. La fijación cognitiva distorsionada
obedece a: “Debo estar muy atento a no cometer ningún error”, “Debo hacerlo
todo bien, para que nadie me pueda criticar”.
Un juego de
imaginación a propósito de tu ego-carácter
Una noche se te aparecen tus
padres en sueños y cada uno te dice: Hijo-a, gracias a un don especial, se nos
ha concedido la gracia de darte y colmarte un déficit o un exceso afectivo que
no supimos darte o te dimos en exceso en tu educación como persona, lo cual te
hizo sufrir y ha generado tu ego-carácter. Aunque por tu educación hicimos lo
mejor que supimos, la única condición para poderte colmar y satisfacer por
completo ahora y poderte sanar de tu ego-carácter, es que tú nos digas qué es
lo que más te frustró, te hirió, te hizo sufrir o te desequilibró de nuestra
manera de educar tu vida afectiva, sea por defecto, sea por exceso. Debemos
saber tus dos principales frustraciones, las dos que te han hecho sufrir más:
una referida a papá, y otra referida a mamá. No te imaginas cuán grande es
nuestra satisfacción por el don que se nos ha concedido, porque deseamos que
seas plenamente feliz. Esperando tu respuesta, tus padres que te quieren de
verdad.
Un juego de
imaginación a propósito del ego-carácter de tus hijos
Imagina que también a ti se te
concede este mismo don pero para tus hijos, con el matiz de que eres tú quien
debe darse cuenta de ¿cuál es el déficit o exceso afectivo principal que,
generado por tu ego-carácter, lo proyectas en tus hijos, los frustra y les
genera su respectivo ego-carácter?
5. EL EGO-CARÁCTER ES
EL RESULTADO DE UN MODELO EDUCATIVO AL QUE LE FALTA LA SABIDURÍA DEL AMOR
El modelo educativo es el resultado
del tipo de relación que los padres mantienen entre sí y con los hijos.
Parafraseando a Antoni Blay podemos decir que los padres son las primeras
víctimas de su propio ego-carácter no trabajado. La interacción de su
respectivo ego-carácter, genera un modelo educativo, que inevitablemente
produce el ego-carácter del hijo. En
este mecanismo se dan lugar dos elementos determinantes:
Un déficit emocional que produce una degradación emocional y la consecuente
necesidad de compensarla como sea, a medida que el niño se hace adulto.
+
La degradación
emocional (porque el niño la vive con angustia y sufrimiento) produce en él una percepción distorsionada de
la realidad, la cual queda “fijada” en forma de prejuicio cognitivo (“Debo…
para no sufrir…)
=
EGO-CARÁCTER
En consecuencia el
ego-carácter es una «pasión distorsionada» (deseo o
necesidad neurótica) por satisfacer las
necesidades afectivas deficitarias, que han quedado «fijadas» a un prejuicio
cognitivo: “Debo… para evitar sufrir…”
El prejuicio cognitivo es el
resultado de la percepción distorsionada. El niño se adapta al entorno. Prueba
la mejor manera de obtener la seguridad afectiva que necesita. Con cada acierto
y obtención, refuerza la creencia (= prejuicio cognitivo) de que consigue si
reacciona de tal manera, sin darse cuenta que, con el tiempo, cuanto más fiel
es al prejuicio cognitivo, más se aleja de su verdadera esencia.
En resumen, dos aspectos para
comprender el ego-carácter:
- a nivel emocional hay
que buscar una pasión distorsionada
(necesidad neurótica) de compensar y satisfacer el déficit emocional (degradación
emocional)
- a nivel cognitivo hay
que buscar el prejuicio cognitivo
(falsa creencia distorsionadora de la realidad) que ha quedado fijado a
una degradación emocional, la cual genera en el adulto la necesidad inevitable
de compensar de forma neurótica, sea como sea.
Este
es el ciclo neurótico que retroalimenta continuamente nuestro ego-carácter.
La percepción distorsionada de la realidad implica también la
percepción distorsionada de uno mismo, del propio yo. Creyendo que nos
conocemos, en realidad no es así, puesto que conocemos lo que no queremos
volver a experimentar, pero no conocemos de verdad cuál es nuestra verdadera
esencia.
El común denominador que produce todos los ego-carácter es la falta de
amor a si mismo. El ego-carácter busca desesperadamente volver a experimentar
el amor. Solo que lo busca de forma equivocada y en la dirección equivocada.
¿Quién puede recomponer el equilibrio que restablezca el amor? Solo un
gran ideal capaz de «organizar
y vivificar mediante una visión sapiencial, gracias a un objetivo supremo», motivados
e impulsados por un gran ideal: el amor.
El niño a veces ha sido de tal forma herido que a penas le queda
autoestima. En consecuencia la
percepción distorsionada de si mismo le impide amarse y amar. Quien más quien
menos, todos tenemos necesidad de abrirnos a aquella visión sapiencial, a la
fuerza de aquel ideal que nos devuelva el amor por nosotros mismos. Y con esta
fuerza poder salir de sí mismo y amar a los demás.
Es ahí donde la función educadora de la familia tiene un papel
importantísimo. Solamente a través del amor a sí mismo puede el individuo
ser capaz de amar a los demás, y solamente a través
de la restauración del vínculo amoroso original hacia
los propios padres puede a su vez amarse a sí mismo,
porque de otro modo el resentimiento hacia los padres
recaerá inevitablemente sobre las introyecciones
parentales que impregnan su psiquismo.
6. DESCUBRE TU
EGO-CARÁCTER EN TUS REACCIONES EMOCIONALES
Con los dos últimos ejercicios de imaginación has podido expresar un
rasgo importante de tu ego-carácter. Puede que te cueste reconocer cuáles son
los rasgos esenciales de tu ego-carácter. Si quieres aprender a entenderte a ti
mismo, debes aprender a abrir-te a todas tus reacciones emocionales y
aceptarlas. Si nuestras emociones son la clave para entendernos, debemos
aprender a escucharlas si queremos crecer como personas y educar a los hijos
como personas auténticas.
Es a través de nuestras reacciones emocionales cómo se expresa y
manifiesta el ego-carácter.
Cuando te enfadas, cada vez que sientes frustradas tus expectativas,
detrás de tu reacción instintiva siempre hay una carga emocional de tristeza,
de ira, de dolor que no desearías experimentar. Tu ego-carácter controla estas reacciones
emocionales. Es importante hacerte consciente de la motivación profunda que
ocasiona tu reacción emocional. El mecanismo es comparable a una ecuación en la
que “X” es la reacción emocional que todos ven. En cambio el motivo de tu
reacción emocional es la “Y” escondida, profunda, que obedece a una necesidad
imperiosa de colmar y satisfacer un déficil emocional. A veces esta motivación
“Y” es tan profunda e inconsciente que tenemos la percepción de que aquello no
va con nosotros.
7. CREENCIAS BÁSICAS SOBRE LAS REACCIONES EMOCIONES
DEL EGO-CARÁCTER
Hay algunas creencias básicas en la que debo confiar absolutamente para
conocerme a mí mismo y a mi ego-carácter, mediante la comprensión de mis reacciones
emocionales. Las dos primeras son creencias positivas, mientras que la tercera
aún te aleja más de tus emociones si no cambias la actitud frente a ellas.
Primera creencia básica: Nadie más que yo puede causar o ser responsable de mis
emociones.
Lo cierto es que nos sentimos mejor atribuyendo nuestras emociones a
otras personas. “Me has hecho enfadar… Me das miedo… Has hecho que desconfíe y
me vuelva celoso…” La realidad es que tú no puedes hacerme nada de eso, lo
único que puedes es estimular las emociones que
ya están en mi ego-carácter esperando ser actividas. La diferencia entre causar y estimular no es un simple juego de palabras;
además es importante aceptar la verdad que encierra la diferencia. Si yo creo
que tú puedes hacerme enfadar, me limitaré a culparte de ello y a cargarte a ti
el problema y nuestro encuentro no me habrá enseñado nada. Concluiré que tú has
sido el culpable de mi enfado. Y ya no necesitaré hacerme preguntas sobre mí
mimso, porque habré descargado en ti la responsabilida del asunto.
Si acepto la tesis de que los otros sólo pueden estimular emociones ya presentes en mi ego-carácter de forma
latente, cualquier experiencia que produzca esas emociones será una experiencia
de aprendizaje y de distanciamiento y desapego de mi ego-carácter. Entonces las
preguntas que me haga me ayudarán a desapegarme de él.
Un ejercicio a
propósito de tu ego-carácter
Recuerda la última vez que te has enfadado con tu pareja o con tu hijo
(observa que la propuesta dice “te has enfadado”, no “te han hecho enfadar”).
·
¿Qué me enfadó tanto?
·
Hay algo dentro de mi que este incidente sacó a la luz, ¿de qué necesidad
frustrada se trata?
Las personas realmente responsables se relacionan con sus emociones de
una manera positiva y ya no se permiten el fácil recurso de juzgar y condenar a
los demás. Puedes crecer en la medida en que estés cada vez más en contacto con
tus emociones.
Segunda creencia básica: En
cada emoción hay una autorrevelación.
Hace poco recibí un mail de
una persona, después de su última sesión de terapia. Estaba muy enfadada y
expresaba una gran ira y miedo. Decía literalmente todo en maryúsculas: "LA MENTIRA, LA HIPOCRESIA, EL ENGAÑO, EL
COMPLOT... EL INSULTO, LA OFENSA Y LA DUREZA. SON ESTRATEGIAS SEGURAS
PARA APARTAR A LA PERSONA DE SU CAMINO EMPRENDIDO. AUNQUE NO SIN DOLOR
PROFUNDO. ¡AH¡ ES EL MEDIO MÁS RÁPIDO PARA MATAR LOS
SINCEROS DESEOS Y ASPIRACIONES. PUEDEN ESTAR YA FELICES Y
TRANQUILOS, PORQUE LOGRARON EL OBJETIVO".
La sesión
anterior había tocado profundamente en el núcleo más neurótico de su
ego-carácter. Venía para librarse de él, pero cada vez que entrábamos a
tocarlo, siempre reaccionaba de la misma manera: se sentía atacada y herida y
atacaba rachazando ver su dolor y su neura. De hecho, no acudió a la próxima
sesión ni dio señales de vida.
Mi reacción fue afable y comprensiva. Conocía bien los serios problemas
nueróticos de esta persona. Me pregunté cuál
debía ser mi reacción para ayudarla de verdad. El mail solo despertó en mi
compasión y el deseo sincero de tratarla con amor. Un amor que fuera maduro,
sano, terapéutico. No sentí emociones negativas, porque era consciente de que
sus palabras eran una simple proyección de su miedo, de su dolor y de la forma
a la que se había habituado a reaccionar durante 42 años. No sabía hacerlo mejor
y nadie le había enseñado cómo afrontar su profunda neurosis, aunque había
hecho varios años de terapia anteriormente.
Por otra parte yo sé que no la
mentí, no fui hipócrita, ni la engañé, ni la insulté. Sí que fui duro y si hice
algún coplot fue contra su neura. Sin ella darse cuenta estaba proyectando todo
su miedo sobre mi. La enorme necesidad que tiene esta persona de ver su
neurosis y de aceptar sus emociones, la interpretaba completamente al revés.
Proyectaba malicia en mi acción terapéutica, poniendo en mi intencionalidad
todo lo contrario de lo que realmente le propone la terapia: “estrategias
seguras para apartar a la persona de su camino emprendido, aunque no sin dolor
profundo”. Ella cree en sus buenos deseos e intenciones de mejorar. Pero todavía
no acepta el miedo terrible a enfrentarse con sus propias emociones dolorosas.
Remata atacando y desplazando la responsabilidad del mal que se le hace hacia
el terapeuta: “es el medio más rápido para matar los sinceros deseos y
aspiraciones. Ya pueden estar felices y tranquilos porque lograron el
objetivo”.
Además de un enorme
sentimiento victimista, hay otro paranoico. ¿Es posible que la persona agreda a
quien trata de curarla? Sí, es posible, cuando la persona no se hace
responsable de sus propias emociones dolorosas.
Este incidente me ayudó a
descubrir que yo era capaz de una profunda, cálida y sincera compasión. Más que
nunca durante la siguiente semana, recé cada día por ella, porque creo en la
fuerza de la oración potente. Y junto con la oración la estrategia que usé fue:
Ya desde el día que no vino a la terapia, le mandé un mail citándola para el
día siguiente a la misma hora. Así durante toda una semana. Ella guardó
absoluto silencio y no se presentó ninguno de los días. Al final de la semana,
además de citarla como cada día para el
día siguiente, le mandé dos artículos que sabía que la harían reaccionar porque
es muy aficionada a la lectura y es muy mental. Contestó este lacónico mail:
JOAN
Un saludo. He
reflexionado sobre LO IMPORTANTE QUE ES CONTINUAR MI PROCESO QUE INICIÉ:
- *Poder sanar mi pasado
- *Seguir trabajándome a mi mismo
- *Ser persona sana
- *Y PODER UN DIA CAMBIAR Y SER OTRA PERSONA*
Si me puedes dar hora y
día para la próxima setmana, por favor, me lo dices.
Muchas gracias.
Muchas gracias.
X
Digo que la persona fue lacónica porque sus anteriores mail eran larguísimos, llenos de verborrea, deseos fantasiosos de mejorar…
Mi mail respuesta fue a propósito
calónico como el suyo, para restablecer la relación terapéutica, lo cual no
significa que no sea empática y sincera:
Ok
Lunes a las 11 hs.
jm
Os aseguro que fue una experiencia preciosa para mí. Me ayudó muchísimo
a conocer mis propias reacciones y a seguir fundamentando la relación
terapéutica con los pacientes en aquella relación de amor y de empatía que hace
posible de verdad el cambio, el progreso, la educación emocional y la salud de
la persona y su reconstrucción como tal.
“El único verdadero error es aquél del que no
aprendemos nada”.
Cuando reaccionamos enfadados podemos hacerlo de dos maneras:
- O cerrarme en mi mismo enfurruñado, echando
pestes y despotricando contra quien le atribuyo la causa de mi enfado,
- O mirar al interior de mi ego-carácter y
averiguar de dónde surgen las emociones de cólera que se han desatado.
Esta es la diferencia esencial entre la persona capaz de crecer
desprendiéndose de su ego-carácter y la persona incapaz de crecer, entre la
autenticidad y el autoengaño.
Siempre hay algo en nuestro interior que alimenta a nuestro
ego-carácter y que explica nuestras reacciones emocionales; pero ello no
significa que ese algo sea malo o lamentable. Descubrir la causa de mis
emociones de ira, no es malo ni lamentable, cuando esto me ayuda a conocer
mejor las estrategias que mi ego-carácter se ha fabricado para sobrevivir. Sólo
descubriéndolas podré liberarme de ellas, sanar y crecer como persona.
Lo importante es darme cuenta de que cada una de mis reacciones
emcionales me dice algo acerca de mí mismo. Cada una de estas situaciones
dolorosos, me da la oportunidad de aprender a no descargar en los demás la
responsabilidad de mis reacciones emocionales, prefiriendo culparles a ellos en
lugar de aprender algo sobre mí mismo.
Lo máximo de lo que yo soy responsable respecto a los demás y ellos
responsables respecto de mí es de estimular las emociones. Estimular es
inevitable, pero nadie somos culpables. Si estimular las emociones es
inevitable será para algo. Quien decide aprovechar la removida emocional
estimulada por los otros, es la persona inteligente que crece, madura y vive
más feliz.
Tercera creencia básica: “Debo
ocultar mis emociones, para no volver a sufrir, así nadie me volverá a herir.”
No expresamos nuestras
emociones por proteger nuestra autoimagen y sobre todo para que los demás no
las aprovechen contra nosotros.
La no expresión de emociones no
es buena, pero la represión de las mismas es aún más autodestructivo.
- ¿Estarías
dipuesto a enfrentarte al hecho de que tal vez estás desplazando tus
emociones hacia personas que nada tienen que ver con el asunto, culpándolas
de cosas que no puedes aceptar en ti mismo?
- ¿Hasta
qué punto amas la verdad y deseas conocerte a ti mismo?
8. DAR
SENTIDO AL AMOR
La
familia que pone sus fundamentos en el amor, cuida y custodia celosamente los
valores de respeto recíproco, de la acogida mutua, de la unidad familiar, valorando y preservando la preciosa diversidad de cada
miembro de la familia, de la que cada uno es portador.
En
una familia que se plantea fundamentar su recorrido familiar sobre estos
valores, la pareja sabe establecer una profunda comunión entre ambos.
En
un entorno familiar de este tipo no hay sitio para el miedo: es la fe y la
confianza en el otro la que motiva y empuja a confiar unos en otros, a
abandonarse completamente al amor.
|
¿Qué significa para ti el amor? ¿Qué valores lo constituyen?
|
Compara los valores que configuran tu concepto
sobre el amor con este grupo de valores sobre el amor.
|
|
|
Respeto recíproco - Acogida mutua Unidad familiar - Valorar
y preservar la diversidad de cada miembro familiar Fe y confianza
mutua Comunión entre
los miembros Capacidad de abandonarse al amor
|
El
sentido de familia, hoy tan cuestionado por nuestra sociedad, no se ha
extinguido. Justamente, como indican algunos investigadores, la mayor
inseguridad hoy es la que nace de la conciencia cada vez mayor de la
contradicción entre el peso que comporta el discurso sobre el amor y la
dificultad de amar. (Cf. U. Beck – E. Beck-Gernsheim, Il normale caos dell’amore, Bollati.Boringuieri,
Torino 1996)
En
realidad se corre el riesgo de hablar mucho y bien del amor, y en la práctica
amar poco.
El
amor madura en el crisol del encuentro-confrontación entre hombre y mujer,
entre realidades distintas como género, fuente de aquel inefable proceso de
intercambio que en la “diversidad” los hace “semejantes” porque están
orientados al amor. (Michel De Beni,
Comunicare per amare, Città Nuova, Roma, II edizione 2006, p. 129)
- ¿Cómo
reaccionas frente a las diferencias con tu pareja?
- ¿Buscas que
el otro llegue a ser la persona plena que debe ser?
- ¿En qué te
atascas o qué te bloquea?
Es
más, este dinamismo, que constituye la esencia de la comunión de pareja, no
significa fundirse con el otro hasta el punto de ser su perfecta reproducción,
al contrario, lleva a ambos a tejer una red de relaciones amorosas, pero
también de una prudente distancia para darse espacio recíproco y para dar vida
a la actividad creadora de cada uno.
Se
trata de mantener la distancia justa, aquella que permite sentir el calor del
otro y al mismo tiempo, impide hacerse daño.
Que
la excesiva proximidad no les lleve a hacerse daño ni a sofocarse mediante una
relación que lleva al otro a someterse a uno, impidiéndole la autónoma
expresión y el desarrollo (mediante los juegos de poder).
- ¿Te sientes
sofocado por tu pareja? ¿En qué?
- ¿Sofocas a tu
pareja? ¿De qué manera?
El
amor de pareja se configura como el proceso de comunión entre dos diferencias,
dos proyectos que dan hospedaje uno al otro; dos libertades que juntas recorren
el camino de cada día. Un caso:
“Una pareja sin hijos, cuando
muere la mujer, el marido llora su pérdida en poco tiempo. El duelo por la
pérdida es rápido. En realidad experimenta una gran liberación. Le ha sido
fiel, la ha querido, pero ahora se siente liberado. Al poco conoce a otra mujer
con la que experimenta una relación de libertad que nunca había experimentado
con la anterior. El hombre puede ir a bailar, cosa que no podía satisfacer
porque no le gustaba a su mujer. Se viste de forma informal y deportiva, cosa
que su mujer le obligaba a vestir siempre trajeado. Respira y realiza una serie
de necesidades legítimas y sanas que nunca había podido satisfacer.
- ¿Qué clase de
amor es este?
- ¿Cómo es
vuestro amor?
9. EL
MATRIMONIO COMO ARTE DE AMOR
La acción
aducadora de la familia tiene su fundamento en el amor de la pareja. Empieza
concretamente en el cuidarse recíprocamente, pero eso, como sostiene E. Fromm,
es auténticamente maduro “a condición de preservar la
propia integridad, la propia individualidad; en el amor dos seres se convierten
en uno, y sin embargo siguen siendo dos”. (E. Fromm, El arte de amar, p. 32)
El amor es por
naturaleza activo y se manifiesta mediante el tener cuidado, premura,
responsabilidad, estando a la altura, es decir, respondiendo a la necesidad del
otro, unido al respeto que deja libre al otro de ser y convertirse en lo que
es.
Fromm plantea
el amor como un arte que se puede y se debe aprender, puesto que el
ego-carácter que hemos adquirido como nuestra segunda naturaleza, ha
desvirtuado por completo el sentido creativo y generativo del amor. Puesto que
un amor encerrado en si mismo, no genera, no crea nada.
- ¿De qué manera cuidas a tu pareja? ¿Y a tus hijos?
- ¿En qué no te sientes cuidado por tu pareja?
- ¿Qué significa para ti “dejar libre al otro de ser y convertirse en lo
que es”?
Diferencia
entre necesidades y necesidades. Arriésgate a diferenciar, previa
autoobservación consciente y sincera, entre necesidades de tu ego-carácter y
necesidades que te autorrealizan como persona:
|
Necesidades
de tu ego-carácter
|
Necesidades
de autorrealización personal
|
|
|
|
- ¿Eres consciente de las necesidades de tu pareja, tanto o más que de
las tuyas?
- ¿Estás satisfecho de cómo gestionáis vuestras respectivas necesidades?
Pero más allá
de esto es esencial que la responsabilidad nazca del deseo de entrar en
relación profunda con la persona, En efecto, “la única
manera de conocer profundamente a un ser es el acto de amor; esto supera el
pensamiento y las palabras. Es el núcleo gestado en la experiencia de unión...;
solo conociendo objetivamente a un ser humano, estoy en condición de penetrar
la esencia más profunda en el acto de amor”. (Ibit. P. 2)
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