divendres, 17 d’octubre del 2014

FAMILIA EDUCADORA - EGO-CARÁCTER – REACCIONES EMOCIONALES

1. LA FUNCIÓN EDUCADORA DE LA FAMILIA
Para que la familia pueda cumplir adecuadamente su función educadora, debe estar sana desde un punto de vista psicoafectivo. La vida afectiva de la familia se desarrolla a través de las relaciones entre sus miembros. El tipo de relación entre padre-madre-hijos es la clave para una vida familiar sana. Las relaciones son sanas cuando se desarrollan dentro de un equilibrio amoroso. Claudio Naranjo afirma que “una familia sana sólo puede estar integrada por individuos emo­cionalmente sanos, y que la auténtica salud, tanto intra-personal como inter-personal, proviene de la existencia de un equilibrio amoroso en las relaciones”.

C. Naranjo, como tantos otros autores reconoce que la incapacidad para las relaciones humanas, en realidad es incapacidad de amar, más específicamente, “es la incapacidad para obedecer el mandamiento cristiano de amar a nuestro prójimo, amarnos a nosotros mismos y amar a Dios, lo que nos impide mantener relaciones verdaderamente amorosas con los que nos rodean.

Según Naranjo, la dificultad que tenemos de amar es debida a la falta de armonía en nuestro interior entre los elementos padre-madre-hijo. Esta pequeña trinidad, reflejo de la Trinidad, es la base de nuestras primeras relaciones en las que nos jugamos la verdadera experiencia de amor. El desequilibrio entre el amor que se recibe y el amor que se da, afecta al “yo” personal que está en la raíz de todo lo que somos y hacemos”. (Cf. G. Mora, La vida cristiana, teologia moral fonamental. Edicions Facultat de teologia de Catalunya, Barcelona 2004, p. 36)

Fundamentamos la dignidad de nuestro “yo”, en el amor que recibimos, de la misma manera que adquirimos la responsabilidad de dar a otros el amor recibido.

Sin embargo, ya desde nuestra temprana infancia, experimentamos el desequilibrio en el amor. La angustia y el sufrimiento que ocasionan estas experiencias, fraguan lentamente nuestro ego-carácter, el cual se convierte en una especie de segunda naturaleza o falso yo.  

Hablando de desequilibrio en el amor

  • ¿Detectas algún desequilibrio en vuestro amor de pareja? Ponle nombre concreto: Tensión, enfado, susceptibilidad, cerrazón, crítica, juicio, silencio, etc.)
  • ¿Cómo reaccionas tú cuando no recibes el amor que esperas?

2. LA FAMILIA SOLO EDUCA LA PERSONA DESDE EL AMOR

La función educadora de la familia es inevitable. Educa para bien o para mal. Pero para que la educación sea integral, requiere que toda su acción sea «organizada y vivificada por una visión sapiencial, por un objetivo supremo» (J. Maritain, Per una filosofía dell'educazione, La Scuola, Brescia 2001, pp. 126-127.)

La educación tiene necesidad de un ideal que supere a cualquier otro ideal. Y esto es el amor: anhelo inevitable, «inscrito en el DNA de cada hombre y de cada mujer de la tierra»,  punto clave de la experiencia humana de la cual no se puede huir, bajo pena de sufrir el sinsentido y la desesperación. (E.M. Fondi, Dio Amore nell'esperienza di Lubich, Roma 2000.)

Hablando de visión sapiencial, de ideal y objetivo supremo

  • ¿Cuál es tu objetivo supremo, tu visión sapiencial, tu ideal educativo?
  • ¿Qué echas en falta a tu acción educativa?

3. PARAR LA MAQUINARIA DEL EGO-CARÁCTER PARA PODER EDUCAR EN EL AMOR

Estamos de acuerdo que lo más importante respecto a la educación en el campo afectivo, es la necesidad que tenemos de desarrollar la capacidad de amar. Hoy, ningún médico duda que la salud es inseparable de la capacidad de amarse a sí mismo y amar a los otros. Por eso tenemos necesidad de una pedagogía del amor y aprender a aplicarla en un entorno educativo sano. Sabemos que aparte de la necesidad de proporcionar calor, comprensión y seguridad psicológica, es necesario ocuparse adecuadamente de la ambivalencia infantil con que crece la gran mayoría de la gente en nuestra sociedad como resultado inevitable de haber vivido unas relaciones familiares poco maduras, debido al ego-carácter que los padres proyectan inevitablemente en los hijos, si no son conscientes de ello. Los hijos, a su vez, ya en la primera infancia, desarrollan su propio ego-carácter.

Cuando Juan Pablo II habló en París en la Unesco, hizo una distinción entre “adiestramiento” para tener y “enseñanza” para ser, y no únicamente como ser, sino como “ser con los otros” y “ser para los otros”.

El psiquiatra escocés R.D. Laing anota en el inicio de su Coloquio con los hijos que: “los hijos desempeñan un rol importante en el “crecimiento y desarrollo” del adulto, como nosotros adultos lo desempeñamos en el suyo”.

Ahora bien, para que el amor sea el elemento educador de las relaciones familiares necesitamos aprender a "parar la maquinaria" de nuestro ego-carácter, empezando por los padres.

Es indudable que el amor existe entre padres e hijos, sin embargo no es tan claro que todos tengan conciencia de cuán a menudo el amor brilla por su ausencia cuando es el ego-carácter quien toma el mando en la relación familiar.

Dado que el ego-carácter reacciona en base a los apegos, forma parte de una polari­dad en la que amor y desapego son el otro polo. Parar la maquinaria del ego-carácter equivale a buscar el desapego cultivando el genuino amor que sólo puede emanar del abandono de sí (Frankl lo llama “distanciarse de sí”) y la entrega (“autotrascenderse”). Y también a la inversa, no hay mejor me­dio de alcanzar el desapego que a través del amor.

Toda esta reflexión nos lleva al ego-carácter. Conocer el ego-carácter es el primer paso para parar su actividad. El objetivo de este trabajo es aprender la pedagogía del amor como elemento educador de la familia.

Hablando de parar la maquinaria del ego-carácter

·         En momentos de tensión y frustración, ¿cómo reaccionas?
·         ¿Qué necesidad-expectativa sientes frustrada en esas ocasiones?
Juego imaginario

Imagina que una noche se te aparece un ángel de luz en sueños y te hace la siguiente proposición: “Si te distancias y desapegas del principal rasgo de tu ego-carácter, de aquel rasgo que te crea más dificultades en tu relación con tu pareja, jamás volverás a tener problemas con tu pareja y vuestra relación transcurrirá feliz y llena de amor y vuestros hijos tendrán los mejores padres. Para que esto sea posible, ¿de qué rasgo-apego de tu ego-carácter te desprenderías primero?

4. QUÉ ES EL EGO-CARÁCTER

Todos reaccionamos de una manera determinada en momentos de tensión, estrés o conflicto. Cuando las cosas y las personas no responden a nuestras necesidades, decimos que nos sale el carácter (el rampell). En estas ocasiones solemos decir: “soy así”. En realidad no “soy así”, simplemente he aprendido a reaccionar de esta forma cuando me siento frustrado. Cuando reacciono de forma inadecuada, no es con el amor que yo me expreso.

  • ¿Quién tiene el mando en situaciones de tensión, conflicto y estrès?

El ego-carácter. Para comprender qué es, veamos cuatro ejemplos concretos de cómo se forja en la primera infancia, y cuáles son sus consecuencias:

4.1 Ego-carácter escrupuloso, rígido, obsesivo.

Padres excesivamente controladores o que castigan con mucha facilidad, fijan un umbral muy reducido para que el niño se exprese o se comporte con espontaneidad, el cual siente la necesidad de compensar este reducido umbral de movimiento afectivo, siendo escrupuloso, rígido y obsesivo para no defraudar a sus padres y recibir su aprecio. Con el tiempo se produce una degradación emocional. “Debo hacerlo todo “escrupulosamente” bien, para que mis padres y los demás me quieran. Así evito sufrir”.

4.2 Ego-carácter histriónico-histérico.

Padres que rara vez critican o castigan, y además sólo refuerzan las conductas que ellos aprueban y de forma variable, fijan un umbral muy amplio en el que el niño debe aprender a hacer de todo y lo que sea para ser visto, reconocido y valorado. Estos niños experimentan frustración al solicitar la atención de los padres y exageran las conductas para asegurarse halagos y afecto. Si no lo hacen, sus padres les ignoran. Sólo los comportamientos caricaturizados atraviesan el umbral a partir del cual los padres notan que están ahí y hacen comentarios aprobatorios. Cuando los padres son incapaces de identificar esta dinámica, se entra en un círculo vicioso en el que cada vez se necesitan esfuerzos más exagerados y desesperados para mantener el mismo nivel de atención. Estos niños entran en la adolescencia con una sed insaciable de amor y atención. “Debo hacerme ver como sea, para ser reconocido, valorado y querido”.
4.3 Ego-carácter paranoide.
El futuro paranoide suele tener unos padres «controladores, despreciativos. Son padres que esperan y demandan lealtad hacia la familia, y cuando el hijo no responde a la lealtad, se le administra un duro castigo mediante una actitud fría y seria, así como un mensaje implícito de que el niño es tan intrínsecamente malo que justifica el duro castigo. Por otra parte, los padres del futuro paranoide esperan autonomía y castigan la dependencia emocional. Ejemplo: Si el niño se pelea, la respuesta de los padres puede ser: «¿Qué hiciste para provocarlo?». El resultado genera un adulto aislado y receloso, que lucha por no necesitar a los demás, detesta la dependencia y nunca pide ayuda. “Debo tener cuidado y no dejar que los otros se aprovechen de mi”. “Si una persona es amistosa, debe estar intentando utilizarme”.
4.4 Ego-carácter fóbico-evitativo.

Los padres del futuro ego-carácter fóbico-evitador favorecen y potencian una imagen social deslumbrante, impresionante y admirable del niño, y reaccionan ante los errores y las imperfecciones como algo extremadamente vergonzoso para la familia y reprimen sus errores e imperfecciones mediante burlas y humillaciones. Los defectos son objeto de burla y actitudes degradantes y, como consecuencia, se genera un umbral reducido de sensibilidad exagerada ante la posibilidad de ser humillado. El futuro fóbico-evitador, en primer lugar empezará a ocultar todo aquello que pueda ser considerado como una imperfección o que pueda alimentar los comentarios negativos. La fijación cognitiva distorsionada obedece a: “Debo estar muy atento a no cometer ningún error”, “Debo hacerlo todo bien, para que nadie me pueda criticar”.
Un juego de imaginación a propósito de tu ego-carácter

Una noche se te aparecen tus padres en sueños y cada uno te dice: Hijo-a, gracias a un don especial, se nos ha concedido la gracia de darte y colmarte un déficit o un exceso afectivo que no supimos darte o te dimos en exceso en tu educación como persona, lo cual te hizo sufrir y ha generado tu ego-carácter. Aunque por tu educación hicimos lo mejor que supimos, la única condición para poderte colmar y satisfacer por completo ahora y poderte sanar de tu ego-carácter, es que tú nos digas qué es lo que más te frustró, te hirió, te hizo sufrir o te desequilibró de nuestra manera de educar tu vida afectiva, sea por defecto, sea por exceso. Debemos saber tus dos principales frustraciones, las dos que te han hecho sufrir más: una referida a papá, y otra referida a mamá. No te imaginas cuán grande es nuestra satisfacción por el don que se nos ha concedido, porque deseamos que seas plenamente feliz. Esperando tu respuesta, tus padres que te quieren de verdad.  

Un juego de imaginación a propósito del ego-carácter de tus hijos

Imagina que también a ti se te concede este mismo don pero para tus hijos, con el matiz de que eres tú quien debe darse cuenta de ¿cuál es el déficit o exceso afectivo principal que, generado por tu ego-carácter, lo proyectas en tus hijos, los frustra y les genera su respectivo ego-carácter?

5. EL EGO-CARÁCTER ES EL RESULTADO DE UN MODELO EDUCATIVO AL QUE LE FALTA LA SABIDURÍA DEL AMOR

El modelo educativo es el resultado del tipo de relación que los padres mantienen entre sí y con los hijos. Parafraseando a Antoni Blay podemos decir que los padres son las primeras víctimas de su propio ego-carácter no trabajado. La interacción de su respectivo ego-carácter, genera un modelo educativo, que inevitablemente produce el ego-carácter  del hijo. En este mecanismo se dan lugar dos elementos determinantes:








Un déficit emocional que produce una degradación emocional y la consecuente necesidad de compensarla como sea, a medida que el niño se hace adulto.
+
La degradación emocional (porque el niño la vive con angustia y sufrimiento) produce en él una percepción distorsionada de la realidad, la cual queda “fijada” en forma de prejuicio cognitivo (“Debo… para no sufrir…)
=

EGO-CARÁCTER


En consecuencia el ego-carácter es una «pasión distorsionada» (deseo o necesidad neurótica) por satisfacer las necesidades afectivas deficitarias, que han quedado «fijadas» a un prejuicio cognitivo: “Debo… para evitar sufrir…”     

El prejuicio cognitivo es el resultado de la percepción distorsionada. El niño se adapta al entorno. Prueba la mejor manera de obtener la seguridad afectiva que necesita. Con cada acierto y obtención, refuerza la creencia (= prejuicio cognitivo) de que consigue si reacciona de tal manera, sin darse cuenta que, con el tiempo, cuanto más fiel es al prejuicio cognitivo, más se aleja de su verdadera esencia.

En resumen, dos aspectos para comprender el ego-carácter:

  • a nivel emocional hay que buscar una pasión distorsionada (necesidad neurótica) de compensar y satisfacer el déficit emocional (degradación emocional)
  • a nivel cognitivo hay que buscar el prejuicio cognitivo (falsa creencia distorsionadora de la realidad) que ha quedado fijado a una degradación emocional, la cual genera en el adulto la necesidad inevitable de compensar de forma neurótica, sea como sea.

Este es el ciclo neurótico que retroalimenta continuamente nuestro ego-carácter.

La percepción distorsionada de la realidad implica también la percepción distorsionada de uno mismo, del propio yo. Creyendo que nos conocemos, en realidad no es así, puesto que conocemos lo que no queremos volver a experimentar, pero no conocemos de verdad cuál es nuestra verdadera esencia.

El común denominador que produce todos los ego-carácter es la falta de amor a si mismo. El ego-carácter busca desesperadamente volver a experimentar el amor. Solo que lo busca de forma equivocada y en la dirección equivocada.

¿Quién puede recomponer el equilibrio que restablezca el amor? Solo un gran ideal capaz de «organizar y vivificar mediante una visión sapiencial, gracias a un objetivo supremo», motivados e impulsados por un gran ideal: el amor.

El niño a veces ha sido de tal forma herido que a penas le queda autoestima.  En consecuencia la percepción distorsionada de si mismo le impide amarse y amar. Quien más quien menos, todos tenemos necesidad de abrirnos a aquella visión sapiencial, a la fuerza de aquel ideal que nos devuelva el amor por nosotros mismos. Y con esta fuerza poder salir de sí mismo y amar a los demás.

Es ahí donde la función educadora de la familia tiene un papel importantísimo. Solamente a través del amor a sí mismo puede el individuo ser capaz de amar a los demás, y solamente a través de la restauración del vín­culo amoroso original hacia los propios padres puede a su vez amarse a sí mismo, porque de otro modo el re­sentimiento hacia los padres recaerá inevitablemente sobre las introyecciones parentales que impregnan su psiquismo.

6. DESCUBRE TU EGO-CARÁCTER EN TUS REACCIONES EMOCIONALES

Con los dos últimos ejercicios de imaginación has podido expresar un rasgo importante de tu ego-carácter. Puede que te cueste reconocer cuáles son los rasgos esenciales de tu ego-carácter. Si quieres aprender a entenderte a ti mismo, debes aprender a abrir-te a todas tus reacciones emocionales y aceptarlas. Si nuestras emociones son la clave para entendernos, debemos aprender a escucharlas si queremos crecer como personas y educar a los hijos como personas auténticas.

Es a través de nuestras reacciones emocionales cómo se expresa y manifiesta el ego-carácter.

Cuando te enfadas, cada vez que sientes frustradas tus expectativas, detrás de tu reacción instintiva siempre hay una carga emocional de tristeza, de ira, de dolor que no desearías experimentar. Tu ego-carácter controla estas reacciones emocionales. Es importante hacerte consciente de la motivación profunda que ocasiona tu reacción emocional. El mecanismo es comparable a una ecuación en la que “X” es la reacción emocional que todos ven. En cambio el motivo de tu reacción emocional es la “Y” escondida, profunda, que obedece a una necesidad imperiosa de colmar y satisfacer un déficil emocional. A veces esta motivación “Y” es tan profunda e inconsciente que tenemos la percepción de que aquello no va con nosotros.

7. CREENCIAS BÁSICAS SOBRE LAS REACCIONES EMOCIONES DEL EGO-CARÁCTER

Hay algunas creencias básicas en la que debo confiar absolutamente para conocerme a mí mismo y a mi ego-carácter, mediante la comprensión de mis reacciones emocionales. Las dos primeras son creencias positivas, mientras que la tercera aún te aleja más de tus emociones si no cambias la actitud frente a ellas.

Primera creencia básica: Nadie más que yo puede causar o ser responsable de mis emociones.

Lo cierto es que nos sentimos mejor atribuyendo nuestras emociones a otras personas. “Me has hecho enfadar… Me das miedo… Has hecho que desconfíe y me vuelva celoso…” La realidad es que tú no puedes hacerme nada de eso, lo único que puedes es estimular las emociones que ya están en mi ego-carácter esperando ser actividas. La diferencia entre causar y estimular no es un simple juego de palabras; además es importante aceptar la verdad que encierra la diferencia. Si yo creo que tú puedes hacerme enfadar, me limitaré a culparte de ello y a cargarte a ti el problema y nuestro encuentro no me habrá enseñado nada. Concluiré que tú has sido el culpable de mi enfado. Y ya no necesitaré hacerme preguntas sobre mí mimso, porque habré descargado en ti la responsabilida del asunto.

Si acepto la tesis de que los otros sólo pueden estimular emociones ya presentes en mi ego-carácter de forma latente, cualquier experiencia que produzca esas emociones será una experiencia de aprendizaje y de distanciamiento y desapego de mi ego-carácter. Entonces las preguntas que me haga me ayudarán a desapegarme de él.

Un ejercicio a propósito de tu ego-carácter

Recuerda la última vez que te has enfadado con tu pareja o con tu hijo (observa que la propuesta dice “te has enfadado”, no “te han hecho enfadar”).

·         ¿Qué me enfadó tanto?
·         Hay algo dentro de mi que este incidente sacó a la luz, ¿de qué necesidad frustrada se trata?

Las personas realmente responsables se relacionan con sus emociones de una manera positiva y ya no se permiten el fácil recurso de juzgar y condenar a los demás. Puedes crecer en la medida en que estés cada vez más en contacto con tus emociones.

Segunda creencia básica: En cada emoción hay una autorrevelación.

Hace poco recibí un mail de una persona, después de su última sesión de terapia. Estaba muy enfadada y expresaba una gran ira y miedo. Decía literalmente todo en maryúsculas: "LA MENTIRA, LA HIPOCRESIA, EL ENGAÑO, EL COMPLOT... EL INSULTO, LA OFENSA  Y LA DUREZA. SON ESTRATEGIAS SEGURAS PARA APARTAR A LA PERSONA DE SU CAMINO EMPRENDIDO. AUNQUE NO SIN DOLOR PROFUNDO.  ¡AH¡ ES  EL MEDIO MÁS RÁPIDO PARA MATAR LOS SINCEROS DESEOS Y ASPIRACIONES.   PUEDEN ESTAR YA FELICES Y TRANQUILOS, PORQUE LOGRARON EL OBJETIVO".
 La sesión anterior había tocado profundamente en el núcleo más neurótico de su ego-carácter. Venía para librarse de él, pero cada vez que entrábamos a tocarlo, siempre reaccionaba de la misma manera: se sentía atacada y herida y atacaba rachazando ver su dolor y su neura. De hecho, no acudió a la próxima sesión ni dio señales de vida.

Mi reacción fue afable y comprensiva. Conocía bien los serios problemas nueróticos de esta persona. Me pregunté cuál debía ser mi reacción para ayudarla de verdad. El mail solo despertó en mi compasión y el deseo sincero de tratarla con amor. Un amor que fuera maduro, sano, terapéutico. No sentí emociones negativas, porque era consciente de que sus palabras eran una simple proyección de su miedo, de su dolor y de la forma a la que se había habituado a reaccionar durante 42 años. No sabía hacerlo mejor y nadie le había enseñado cómo afrontar su profunda neurosis, aunque había hecho varios años de terapia anteriormente.

Por otra parte yo sé que no la mentí, no fui hipócrita, ni la engañé, ni la insulté. Sí que fui duro y si hice algún coplot fue contra su neura. Sin ella darse cuenta estaba proyectando todo su miedo sobre mi. La enorme necesidad que tiene esta persona de ver su neurosis y de aceptar sus emociones, la interpretaba completamente al revés. Proyectaba malicia en mi acción terapéutica, poniendo en mi intencionalidad todo lo contrario de lo que realmente le propone la terapia: “estrategias seguras para apartar a la persona de su camino emprendido, aunque no sin dolor profundo”. Ella cree en sus buenos deseos e intenciones de mejorar. Pero todavía no acepta el miedo terrible a enfrentarse con sus propias emociones dolorosas. Remata atacando y desplazando la responsabilidad del mal que se le hace hacia el terapeuta: “es el medio más rápido para matar los sinceros deseos y aspiraciones. Ya pueden estar felices y tranquilos porque lograron el objetivo”.
Además de un enorme sentimiento victimista, hay otro paranoico. ¿Es posible que la persona agreda a quien trata de curarla? Sí, es posible, cuando la persona no se hace responsable de sus propias emociones dolorosas.
Este incidente me ayudó a descubrir que yo era capaz de una profunda, cálida y sincera compasión. Más que nunca durante la siguiente semana, recé cada día por ella, porque creo en la fuerza de la oración potente. Y junto con la oración la estrategia que usé fue: Ya desde el día que no vino a la terapia, le mandé un mail citándola para el día siguiente a la misma hora. Así durante toda una semana. Ella guardó absoluto silencio y no se presentó ninguno de los días. Al final de la semana, además de citarla como cada día  para el día siguiente, le mandé dos artículos que sabía que la harían reaccionar porque es muy aficionada a la lectura y es muy mental. Contestó este lacónico mail:
JOAN

Un saludo. He reflexionado sobre LO IMPORTANTE QUE ES CONTINUAR MI PROCESO QUE INICIÉ:

  • *Poder sanar mi pasado
  • *Seguir trabajándome a mi mismo
  • *Ser persona sana
  • *Y  PODER UN DIA CAMBIAR Y SER OTRA PERSONA*

Si me puedes dar hora y día para la próxima setmana, por favor, me lo dices.
Muchas gracias.
X

Digo que la persona fue lacónica porque sus anteriores mail eran larguísimos, llenos de verborrea, deseos fantasiosos de mejorar…
Mi mail respuesta fue a propósito calónico como el suyo, para restablecer la relación terapéutica, lo cual no significa que no sea empática y sincera:
Ok
Lunes a las 11 hs.
jm

Os aseguro que fue una experiencia preciosa para mí. Me ayudó muchísimo a conocer mis propias reacciones y a seguir fundamentando la relación terapéutica con los pacientes en aquella relación de amor y de empatía que hace posible de verdad el cambio, el progreso, la educación emocional y la salud de la persona y su reconstrucción como tal.

“El único verdadero error es aquél del que no aprendemos nada”.

Cuando reaccionamos enfadados podemos hacerlo de dos maneras:

  • O cerrarme en mi mismo enfurruñado, echando pestes y despotricando contra quien le atribuyo la causa de mi enfado,
  • O mirar al interior de mi ego-carácter y averiguar de dónde surgen las emociones de cólera que se han desatado.

Esta es la diferencia esencial entre la persona capaz de crecer desprendiéndose de su ego-carácter y la persona incapaz de crecer, entre la autenticidad y el autoengaño.

Siempre hay algo en nuestro interior que alimenta a nuestro ego-carácter y que explica nuestras reacciones emocionales; pero ello no significa que ese algo sea malo o lamentable. Descubrir la causa de mis emociones de ira, no es malo ni lamentable, cuando esto me ayuda a conocer mejor las estrategias que mi ego-carácter se ha fabricado para sobrevivir. Sólo descubriéndolas podré liberarme de ellas, sanar y crecer como persona.

Lo importante es darme cuenta de que cada una de mis reacciones emcionales me dice algo acerca de mí mismo. Cada una de estas situaciones dolorosos, me da la oportunidad de aprender a no descargar en los demás la responsabilidad de mis reacciones emocionales, prefiriendo culparles a ellos en lugar de aprender algo sobre mí mismo.

Lo máximo de lo que yo soy responsable respecto a los demás y ellos responsables respecto de mí es de estimular las emociones. Estimular es inevitable, pero nadie somos culpables. Si estimular las emociones es inevitable será para algo. Quien decide aprovechar la removida emocional estimulada por los otros, es la persona inteligente que crece, madura y vive más feliz.

Tercera creencia básica: “Debo ocultar mis emociones, para no volver a sufrir, así nadie me volverá a herir.”

No expresamos nuestras emociones por proteger nuestra autoimagen y sobre todo para que los demás no las aprovechen contra nosotros.

La no expresión de emociones no es buena, pero la represión de las mismas es aún más autodestructivo.

  • ¿Estarías dipuesto a enfrentarte al hecho de que tal vez estás desplazando tus emociones hacia personas que nada tienen que ver con el asunto, culpándolas de cosas que no puedes aceptar en ti mismo?
  • ¿Hasta qué punto amas la verdad y deseas conocerte a ti mismo?

8. DAR SENTIDO AL AMOR
La familia que pone sus fundamentos en el amor, cuida y custodia celosamente los valores de respeto recíproco, de la acogida mutua, de la unidad familiar, valorando y preservando la preciosa diversidad de cada miembro de la familia, de la que cada uno es portador.
En una familia que se plantea fundamentar su recorrido familiar sobre estos valores, la pareja sabe establecer una profunda comunión entre ambos.
En un entorno familiar de este tipo no hay sitio para el miedo: es la fe y la confianza en el otro la que motiva y empuja a confiar unos en otros, a abandonarse completamente al amor.


¿Qué significa para ti el amor?    ¿Qué valores lo constituyen?

Compara los valores que configuran tu concepto sobre el amor con este grupo de valores sobre el amor.

Respeto recíproco - Acogida mutua                    Unidad familiar - Valorar y preservar la diversidad de cada miembro familiar                     Fe y confianza mutua                   Comunión entre los miembros Capacidad de abandonarse al amor

El sentido de familia, hoy tan cuestionado por nuestra sociedad, no se ha extinguido. Justamente, como indican algunos investigadores, la mayor inseguridad hoy es la que nace de la conciencia cada vez mayor de la contradicción entre el peso que comporta el discurso sobre el amor y la dificultad de amar. (Cf. U. Beck – E. Beck-Gernsheim, Il normale caos dell’amore, Bollati.Boringuieri, Torino 1996)
En realidad se corre el riesgo de hablar mucho y bien del amor, y en la práctica amar poco.
El amor madura en el crisol del encuentro-confrontación entre hombre y mujer, entre realidades distintas como género, fuente de aquel inefable proceso de intercambio que en la “diversidad” los hace “semejantes” porque están orientados al amor. (Michel De Beni, Comunicare per amare, Città Nuova, Roma, II edizione 2006, p. 129)
  • ¿Cómo reaccionas frente a las diferencias con tu pareja?
  • ¿Buscas que el otro llegue a ser la persona plena que debe ser?
  • ¿En qué te atascas o qué te bloquea?

Es más, este dinamismo, que constituye la esencia de la comunión de pareja, no significa fundirse con el otro hasta el punto de ser su perfecta reproducción, al contrario, lleva a ambos a tejer una red de relaciones amorosas, pero también de una prudente distancia para darse espacio recíproco y para dar vida a la actividad creadora de cada uno.
Se trata de mantener la distancia justa, aquella que permite sentir el calor del otro y al mismo tiempo, impide hacerse daño.
Que la excesiva proximidad no les lleve a hacerse daño ni a sofocarse mediante una relación que lleva al otro a someterse a uno, impidiéndole la autónoma expresión y el desarrollo (mediante los juegos de poder).
  • ¿Te sientes sofocado por tu pareja? ¿En qué?
  • ¿Sofocas a tu pareja? ¿De qué manera?

El amor de pareja se configura como el proceso de comunión entre dos diferencias, dos proyectos que dan hospedaje uno al otro; dos libertades que juntas recorren el camino de cada día. Un caso:
“Una pareja sin hijos, cuando muere la mujer, el marido llora su pérdida en poco tiempo. El duelo por la pérdida es rápido. En realidad experimenta una gran liberación. Le ha sido fiel, la ha querido, pero ahora se siente liberado. Al poco conoce a otra mujer con la que experimenta una relación de libertad que nunca había experimentado con la anterior. El hombre puede ir a bailar, cosa que no podía satisfacer porque no le gustaba a su mujer. Se viste de forma informal y deportiva, cosa que su mujer le obligaba a vestir siempre trajeado. Respira y realiza una serie de necesidades legítimas y sanas que nunca había podido satisfacer.

  • ¿Qué clase de amor es este?
  • ¿Cómo es vuestro amor?

9. EL MATRIMONIO COMO ARTE DE AMOR

La acción aducadora de la familia tiene su fundamento en el amor de la pareja. Empieza concretamente en el cuidarse recíprocamente, pero eso, como sostiene E. Fromm, es auténticamente maduro “a condición de preservar la propia integridad, la propia individualidad; en el amor dos seres se convierten en uno, y sin embargo siguen siendo dos”. (E. Fromm, El arte de amar, p. 32)

El amor es por naturaleza activo y se manifiesta mediante el tener cuidado, premura, responsabilidad, estando a la altura, es decir, respondiendo a la necesidad del otro, unido al respeto que deja libre al otro de ser y convertirse en lo que es.

Fromm plantea el amor como un arte que se puede y se debe aprender, puesto que el ego-carácter que hemos adquirido como nuestra segunda naturaleza, ha desvirtuado por completo el sentido creativo y generativo del amor. Puesto que un amor encerrado en si mismo, no genera, no crea nada.

  • ¿De qué manera cuidas a tu pareja? ¿Y a tus hijos?
  • ¿En qué no te sientes cuidado por tu pareja?
  • ¿Qué significa para ti “dejar libre al otro de ser y convertirse en lo que es”?

Diferencia entre necesidades y necesidades. Arriésgate a diferenciar, previa autoobservación consciente y sincera, entre necesidades de tu ego-carácter y necesidades que te autorrealizan como persona:

Necesidades de tu ego-carácter
Necesidades de autorrealización personal











  • ¿Eres consciente de las necesidades de tu pareja, tanto o más que de las tuyas?
  • ¿Estás satisfecho de cómo gestionáis vuestras respectivas necesidades?

Pero más allá de esto es esencial que la responsabilidad nazca del deseo de entrar en relación profunda con la persona, En efecto, “la única manera de conocer profundamente a un ser es el acto de amor; esto supera el pensamiento y las palabras. Es el núcleo gestado en la experiencia de unión...; solo conociendo objetivamente a un ser humano, estoy en condición de penetrar la esencia más profunda en el acto de amor”. (Ibit. P. 2)




divendres, 3 d’octubre del 2014

EL SENTIT DE LA PARELLA ÉS L' AMOR

Quin sentit té la relació de parella?

1. EL PER QUÈ DEL SENTIT

“Quan el ser humà troba un sentit, aleshores (i només aleshores) és feliç… Però, per altra banda, també aleshores és capaç de sofrir”. (Cit. per E. Lukus a Viktor Frankl. El sentido de la vida. El pensamiento esencial de V. E. Frankl, Plataforma editorial, Barcelonam, 2008, p. 45)

L’autoritat moral de V. Frankl per fer aquesta afirmació, li ve donada per la seva experiència als camps de concentració nazis on hi va perdre els pares, el germà i l’esposa, i per la dedicació científica i professional. Frankl se sentia cridat a ajudar, sanar y salvar a persones cansades de la vida, a joves en crisis i a milers de pacients suïcides.

El desig de felicitat en el ser humà és un instint arquetípic. La literatura, els contes i el cinema han fet popular la dita “i visqueren feliços i contents…” Aquest final feliç de les faules de la nostra infantesa, en realitat és l’inici d’una constant cursa per ser feliç, la qual des del naixement, sempre està vinculada a la relació amb altres, amb la possibilitat de ser estimat i de voler estimar.

Després molts filòsofs, psicòlegs i economistes sostenen que la felicitat té molt a veure amb la nostra vida de relació. Ens demostren que la relació amb l’altre constitueix l’única porta capaç de connectar-nos amb la felicitat o amb aquells estats anímics que s’hi assemblen com és ara, el benestar psicofísic, l’equilibri mental, la serenor, la pau interior, l’harmonia espiritual.

La qüestió és que quan la persona no té una motivació per a la felicitat, li resulta impossible ser feliç. Frankl apunta a què hem de superar el prejudici de què l’home està orientat a ser feliç, a canvi de trobar un motiu per ser feliç. Aquesta diferència, si bé subtil, és tan gran com que, en la mesura que persegueixo directament el sentiment de felicitat, perdo de vista el motiu que puc tenir per ser feliç, mentre que quan em mou un sentit, és aleshores que sorgeix espontàniament el sentiment de felicitat. L’experiència mostra que la felicitat sorgeix com a conseqüència i no com a recerca per si mateixa. (Cf. V. Frankl & Pinchas Lapide, Busqueda de Dios y sentido de la vida. Diálogo entre un teólogo y un psicólogo, Herder, Barcelona, 2005, p. 72) 

Això posa de relleu l’extraordinària importància de tenir un sentit per damunt, fins i tot, de cercar la pròpia felicitat. La psicologia evolutiva avui afirma amb certesa que el sentit primer i insostituïble que més necessita el nen, és el sentiment de seguretat psicoafectiva que experimenta quan se sent estimat. A la pràctica, en la clínica terapèutica observem que quan la necessitat d’afecte i d’estimació no és satisfeta, la persona emmalalteix. “La ferida dels no estimats” és el títol d’un llibre que posa de manifest aquesta dramàtica realitat que afecta directament la identitat de la persona i el seu sentit a la vida. ¡Quantes ferides de no estimació centren talment la persona en si mateixa a la recerca de felicitat que ompli el buit produït per l’amor no experimentat! (P. Schellenbaum, La ferita dei non amti: il marchio della mancanza d’amore, Red, Como 1996)

Les ferides d’afecte esdevenen ferides del sentit. La persona perd el sentit de viure quan no se sent estimada. És un buit sense sentit que no té edat. Afecta a nens i a avis, a parelles madures i als joves que s’acaben d’enamorar.

Convenim amb Michele De Beni que “tota la nostra vida és una recerca de sentit caracteritzada per dos grans moviments psicològics: l’afirmació de si mateix, de les pròpies necessitats, expectatives, projectes i l’incessant reclam a ser amb i per als altres, perquè ningú, com afirma E. Lévinas, pot viure fora de la relació, sense el rostre, la mirada de l’altre”. (Cit. E. Lévinas, La traccia dell’altro, Pironti, Napoli 1970 per M. De Beni, Comunicare per amare. Il dialogo nella vita di coppia. Città Nuova, Roma, 2006, p. 56) 

La parella és el resultat de la trobada de dues persones on cada una desvetlla un sentiment d’atracció vers l’altre. El més inconscient d’aquesta atracció és la felicitat que cada un desitja rebre de l’altre. Les expectatives que cada jo projecta en el tu, posen en marxa una relació idealitzada, que haurà de superar les proves del temps i de la realitat, destinades a madurar l’amor que dóna el vertader sentit a la relació.

2. EL SENTIT DE L’AMOR

Avui més que mai s'utilitza la paraula “amor”, molt banalitzada al voltant de sentiments i emocions, fora d'un context de responsabilitat envers l'altre. No oblidem que si la responsabilitat constitueix un element essencial de la relació, ho és de forma especial en la relació de parella. Avui, més que en altres èpoques, és freqüent abandonar la relació quan les emocions s'acaben, a la recerca contínua d’una altra persona que susciti noves sensacions. Motius? “Se’ns ha acabat l’amor”. I quan es confon l’amor amb el domini de l’altre, considerat una possissió pròpia, de quin amor es parla? Lévinas posa de relleu el fort nexe que uneix la identitat del jo amb la responsabilitat vers l’altre. Segons ell, la possibilitat que cada ser humà té d’afirmar la identitat del seu jo, està vinculada, no únicament a la relació amb l’altre, sinó sobretot a l’assumpció, per part del jo, d’una responsabilitat ètica enfront de l’altre. (Cf. E. Lévinas, Totalità e infinito. Saggio sull’esteriorità, Jaca Book, Milano 1990)

Si és en la relació amb l’altre on el jo troba el propi sentit i la pròpia constitució, (P. Ricoeur, Sé come un altro, Jaca Book, Milano, 1993, p. 78)  el que vincula la parella no és únicament la subjectivitat individual sorgida de la necessitat que cadascú té de l’altre (hi ha algú capaç d’estimar-me?); el vertader vincle és aquella “estructura ontològica originària que s’estableix “entre” el jo i el tu; és una realitat que té lloc en la relació “entre” el jo i el tu. (Cf. M Buber, Il principio dialogico, San Paolo, Cinisello Balsamo, Milano,1993)

Aquest “entre” és el tercer element importantíssim de la relació de parella, puix que és en aquest espai “entre”, on cadascú exercita la seva responsabilitat ètica, sobretot per superar els esculls inevitables de la relació, on cada membre de la parella ha de fer-se responsable de la seva soledat, de les seves ferides, de les angoixes i pors a què l’altre l’abandoni, de les expectatives que projecta sobre l’altre i de les pròpies reaccions neuròtiques quan se sent frustrat. Donat que l’home és una ésser dialogant que em simples monòlegs no pot arribar a ser res, i molt menys home, i necessita un Tu per esdevenir un Jo, ha de respondre amb el vertader diáleg que només es produeix quan “expressant-me a mi mateix, no només em dirigeixo a l’altre, sinó que entro en diàleg amb ell sobre quelcom. I això té molt a veure amb l’amor, ja que com diu Saint Exupéry, l’amor no consisteix a quedar-se embadalit dels ulls de l’altre, sinó en mirar junts en la mateixa direcció. Així queda obert el triangle. Les mirades es tornen paralel.les, és a dir, es perden en la infinitud i es retroben com paralel.les només en l’infinit…”. (V. Frankl & Pinchas Lapide, Busqueda de Dios y sentido de la vida. Diálogo entre un teólogo y un psicólogo, Herder, Barcelona, 2005, p. 121)  

El triangle al qual es refereix Frankl l’obre l’amor, que en ser l’element d’unió “entre” el jo i el tu, no és un aspecte perifèric o secundari de l’existència humana, sinó que n’és el centre, per tant, quelcom existencial que pertany a la seva mateixa natura, i abarca tot el seu ésser. (Ct. J.L. Marion, Dato che. Saggio per una fenomenología della relazione, SEI, Torino 2001)  L’amor que uneix la parella experimenta diferents graus de maduració. Això fa difícil definir-lo, perquè es presenta sota múltiples rostres: “Diem amor a l'acte fisiològic, al sentiment d'enamorament, a l'heroisme de qui salva a un altre, a la llarga vida d'una parella que envelleixen plegats, a tants actes exquisidament humans”. (Cf. F. Larocca, l'educazione sessuale nella istituzioni, “Pedagogia e Vita”, XXXVII/4 (1975-1976), pp. 386-387)

El cert és que en totes aquestes formes d'amor sempre hi ha present una constant que anomenem “x”, el valor de la qual, no és en tots els casos una expressió madura d’amor. Sovint es confon amor amb necessitat i dependència de l’altre. El valor d’aquesta “x” depèn d’un acte creatiu, que té com a intencionalitat construir i deixar ser a la persona estimada tant com a qui estima. L’acte creatiu més gran d’amor té lloc en el distanciar-se i transcendir-se el jo de si mateix per amor a l’altre, que vol dir, reconèixer-lo, comprendre’l, acceptar-lo, deixar-lo ser ell mateix, ser capaç de generar-li el màxim bé. Com més gran i madur és l’amor de qui estima, més eficaç és la força del seu amor. L’amor que dóna sentit busca el bé de l’altre, tant o més que el propi bé. La conseqüència és el sentiment de felicitat. “Son feliços, només aquells que han fixat el seu pensament en objectes diferents a la pròpia felicitat –sobre la felicitat dels altres, sobre el progrés de la humanitat, o també d’un art o d’una recerca-, perseguint-los no com a mitjà, sinó com a ideal de si mateix. Mirant així a qualsevol altre, aquests troben la felicitat al llarg del seu camí. (…) Pregunteu-vos si sou feliços, i de sobte deixareu de ser-ho”. (J.S. Mill, Autobiografia, Carabba, Lanciano, 1919, p. 14)
L'acte cretatiu capaç de generar aquest amor té l'arrel en la decisió personal de convertir l'amor en el valor i el sentit fonamental de la relació de parella, capaç de fer que el jo, deixant-se de mirar a si mateix, vegi l’altre, l’aculli i l’estimi tal com és. La dinàmica de l’amor que no es mira a si mateix, és tan natural com la de l’ull humà, la capacitat del qual per percebre el món que l’envolta coincideix paradoxalment amb la seva incapacitat per mirar-se a si mateix. Quan – si prescindeixo del mirall- es veu el meu ull a si mateix, es pregunta Frankl? (…) L’ull sa no veu res de si mateix. I si arribés a percebre quelcom de si mateix, això indica que està afectada la seva propia funció”. (V. Frankl & Pinchas Lapide, Busqueda de Dios y sentido de la vida. Diálogo entre un teólogo y un psicólogo, Herder, Barcelona, 2005, p. 92) 

Pensadors com Jung, Maslow, Frankl, Fromm i altres, coincideixen en què el model antropològic que realitza tant al jo individual com a la parella és aquell en el qual cada membre posa l’accent en l’altre i en la relació d’amor que els uneix. Aquests autors posen en evidències que la parella no es realitza mirant-se cadascú a si mateix. Emprendre tots dos l’èxode cap a la tercera realitat, és garantia d’una vida plena. Aquesta, afirma el teòleg Lapide, “no es troba en la separació de la confrontació ni en l’enfrontament de l’amor-odi ni en l’esquinçament de l’enemistat, sinó en la vertadera trobada en una autèntica unitat de dos”. (V. Frank l& Pinchas Lapide, Busqueda de Dios y sentido de la vida. Diálogo entre un teólogo y un psicólogo, Herder, Barcelona, 2005, p. 124)   

3. EL SENTIT DEL MATRIMONI

Esdevenir una unitat de dos, es manifesta un element essencial que dóna sentit a l’amor de parella. És un aspecte que tots dos han d’acceptar incloure en el seu projecte de parella, tant com a fonament i partença de la relació, com a objectiu vers el qual dirigir tots dos llur mirada. Aquesta unitat de dos, que no es refeix només a la unió física, apunta molt més enllà, cap aquella unitat de pensament, sentiment i voluntat, que l’amor recíproc genera. La parella que esmerça temps, comunicació, diàleg, reconciliació, esforç, venciment, perdó, donació, paulatinament converteix la relació en espai generador de vida, en el lloc de la persona. Heus ací el sentit del matrimoni. Lapide, en aquest punt formula una pregunta seriosa: “Si l’home és un ser dialògic que necessita un Tu per madurar, per créixer i arribar a ser ell mateix, com convèncer-lo amablement de què ha nascut per estimar, de què només a través de l’altre pot estimar-se de veritat a si mateix? (Ibit,  p. 124)       

Es tracta d’una qüestió cabdal alhora que d’un gran repte: entendre i acceptar que només a través de la trobada amb l’altre, fent-me un amb l‘altre, puc estimar-me i realizar-me a mi mateix. En aquest sentit la parella té dues opcions: o pren la decisió de fer de l’amor l’acte creatiu continuament renovat, recomençant els cops que calgui, salvant-lo per damunt de tot com a generador de mort i resurrecció del jo, vivint-lo des del paradigme de la reciprocitat, o de mica en mica les inevitables frustracions sorgides de les diferències, converteixen a cada un en víctima del propi jo, que s’enfronta amb l’altre a qui es considera frustrador de les pròpies expectatives, oblidant que només es pot fonamentar una relació de parella assumint les diferències com la riqueza per construir-la.

4. EL SENTIT DE LA RECIPROCITAT

Quines són les característiques d’aquesta “tercera realitat” i quin el paper que juga en la relació de parella i en la maduració dels seus membres?

Des que la parella s’enamora fins que assoleix una relació cada cop més madura, el seu amor passa per etapes i ha d’afrontar alguns reptes. Parafrassejant al psicòleg Pietro Cavaleri (Ct. P.A.Cavaleri, Vivere con l’altro. Per una cultura della relazione, Città Nuova, Roma, 2007) que parangona el procés de maduració de la parella amb les etapes evolutives, podem parlar d’una fase inicial simbiòtica, quasi infantil, definida essencialment per les expectatives afectives de cadascú respecte de l’altre. Simplificant molt, diríem que en aquesta fase predomina l’individualisme i la necessitat de pertinença sobre l’alteritat, en la qual cadascú busca més asegurar-se a si mateix que donar seguretat a l’altre. En la segona etapa, que podríem definir-la adolescencial, la parella és més propensa a satisfer les exigències d’autonomia i d’autoexpressió, afirmant les diferències individuals, exigint que l’altre em reconegui diferent, més que jo reconèixer l’altre diferent a mi. És evident que aquesta exigència d’autorreconeixement és font de molts conflictes i frustracions. La tercera fase adulta es caracteritza per la capacitat de la parella d’integrar ambdues necessitats: pertinença i diferència. Quan cada un és capaç de sortir de si mateix i reconèixer la necessitat de seguretat afectiva (pertinença) que té l’altre, per un cantó, i acceptar les seves diferències, per l’altre, vol dir que aquesta parella comença a establir la seva relació en base a la reciprocitat.

És evident que en totes aquestes fases l’element promordial en joc és l’amor, entès com el sentit que realitza tant a l’un com a l’altre, quan cada un es distancia i es transcendeix a si mateix. Tant Lapide com Frankl no deixen cap dubte en afirmant que “qui no para de pensar en si mateix, no perd de vista el seu egoisme i està sempre pensant en realizar-se, aquest no es realitza. Qui, en canvi, és capaç de negar el seu Ego, de perdre’l o relegar-lo a un segon terma, perquè hi ha quelcom més important per a ell que el propi i minúscol Jo, certament es trabarà en perdre’s en altres. O en enamorar-se, cosa que potser és el mateix”. Frankl, per la seva banda, confirma que “l’home té capacitat, força, vocació per superar-se a si mateix, oblidar-se de si, perdre’s de vista, quan s’entrega a una tasca o a una persona”. (V. Frank l& Pinchas Lapide, Busqueda de Dios y sentido de la vida. Diálogo entre un teólogo y un psicólogo, Herder, Barcelona, 2005, pp. 83, 91, 92) Heus ací el sentit de la reciprocitat. 

5. EL SENTIT DE L’ESPIRITUAL

La parella troba, no només el sentit, sinó el goig en la unió. En algun moment del procés cap a la unitat, cada membre de la parella ha de ser conscient de les proves i dificultats que inevitablement haurà de superar comporten graus de pèrdua de si mateix i de sofriment. Però, paradoxalment, l’experiència de maduració mostra que “la més altra possibilitat de realització está en el sofriment, és a dir, no malgrat al sofriment, sinó en el sofriment, a través del sofriment”. (V. Frank l& Pinchas Lapide, Busqueda de Dios y sentido de la vida. Diálogo entre un teólogo y un psicólogo, Herder, Barcelona, 2005, p. 111)

També per afrontar el sofriment com a possibilitat de maduració cal trobar un sentit, el qual, en el fons, no és altra cosa que la possibilitat de canviar la realitat mitjançant l’amor. Un amor que, madurat pel dolor, transforma la relació de parella en comunió. Una vida de comunió originada i sostinguda per l’amor recíproc, sorgeix de la capacitat de sentir l’altre “com un que em pertany”, no únicament per satisfer les meves necessitats afectives, sinó, sobretot, per compartir les seves joies, els seus sofriments, per intuir els seus desitjos i prendre cura de les seves necessitats”.

La força d’aquest amor recíproc sorgeix únicament de la dimensió espiritual, que ni les situacions més doloroses no tenen la capacitat de diluir, justament perquè la persona des de la seva dimensió espiritual té la llibertat de distanciar-se tant del sofriment i de si mateixa, com de prendre posició enfront del sofriment. És aquesta llibertat espiritual la que constitueix i realitza la persona, perquè –sobratlla Frankl- el ser humà és essencialment espiritual i l’espiritual és un eix que el travessa completament, tant a nivell conscient com inconscient. (Cf. F. Torralba, Inteligencia espiritual. Plataforma editorial, Barcelona, 2010, p. 102)

On troba la parella el sentit últim de totes les seves vicissituds per sostenir el seu amor recíproc i convertir-lo en comunió, sinó en l’espiritual?

La manera com moltes parelles afronten moments tràgics de la seva existència, mostra la força d’aquesta dimensió espiritual, fent-los lliures i capaços d’autotranscendència. Tota la realitat humana es caracteritza per la seva capacitat d’autotranscendència, és a dir, per l’orientació cap a quelcom que va més enllà d’ell mateix o cap a algú.5

Cada membre de la parella és per a l’altre el primer pròxim a qui estimar, a qui escollir de nou cada dia, a qui es compromet a estimar i a recomençar una i altra vegada a imatge i semblança de Déu que, essent Pare i Mare, estima immensament6. És per això que parafrassejant a la Dr. Lukas podem dir que l’últim deure de la parella no és precisament protegir-se de les coses desagradables, sinó aportar fruits al nostre món des de la confiança en Déu.

Al final d’una trobada de parelles d’algunes Comunitats de Base al Brasil, els participants, persones senzilles, se’ls convidava a expressar què els havia colpit més. Moltes parelles testimoniaren que per a elles el més important era l’experiència personal que havien tingut de la unitat i de l’amor del Déu trinitari, no com el Senyor que mana, sinó com a realitat de comunió que estima; això els encoratjava a superar llur egocentrisme i a fonamentar la seva relació de parella en l’ajuda recíproca. Heus ací la força que sorgeix de l’espiritualitat, la qual en el ser humà “sempre existeix en potència i només aquest fet li garanteix la seva inviolable dignitat”. (E. Lukas, Lopotreraia. La búsqueda del sentido, Paidós, Barcelona, 2003, pp. 43-44)

La parella que troba sentit en l’espiritualitat, experimenta que fins i tot el sofriment es converteix en possibilitat d’autodistanciament, d’autotranscendència i de realització personal, perquè… “cap situació de la vida està realment privada de significat i que fins i tot els elements que semblen envoltats de pura negativitat es poden transformar sempre en conquesta, en realització de valors, en creativitat”. La parella que viu amb sentit la seva relació es la compromesa a omplir d’amor recíproc els actes creatius de la seva vida quotidiana.    
De l’espiritualitat que es deriva de l’antropologia trinitària, es desprèn que el  jo és vertaderament jo només si reconeix i estima el tu amb qui es relaciona. Quan aquest amor bidireccional és recíproc, sana la relació i madura a la parella fins al punt que “Ningú és tant jo, tant persona, com aquell que per salvar la transcendència de l’altre, es transcendeix a si mateix negant-se… Només qui sap buidar-se, desprendre’s, per enriquir-se en la relació, es realitza com a persona autèntica”.
Aquest amor, a més a més, resulta ser l’element terapèutic per excel.lència, en els moments conflictius de la parella, de la mateixa manera que la manca d’aquest amor es troba al rerafons de tot procés degeneratiu.


EL SENTIDO DE LA PAREJA ES EL AMOR

¿Qué sentido tiene la relación de pareja?
1. EL POR QUÉ DEL SENTIDO
"Cuando el ser humano encuentra un sentido, entonces (y sólo entonces) es feliz ... Pero, por otra parte, también entonces es capaz de sufrir". (Cit. Por E. Luku Viktor Frankl. El sentido de la vida. El pensamiento esencial de V E Frankl, Plataforma editorial, Barcelona, 2008, p. 45)
La autoridad moral de V. Frankl para hacer esta afirmación, le viene dada por su experiencia en los campos de concentración nazis donde perdió los padres, el hermano y la esposa, y por la dedicación científica y profesional. Frankl se sentía llamado a ayudar, sanar y salvar a personas cansadas de la vida, a jóvenes en crisis y en miles de pacientes suicidas.
El deseo de felicidad en el ser humano es un instinto arquetípico. La literatura, los cuentos y el cine han hecho popular el dicho "y vivieron felices y contentos ..." Este final feliz de las fábulas de nuestra infancia, en realidad es el inicio de una constante carrera para ser feliz, la cual desde el nacimiento, siempre está vinculada a la relación con otros, con la posibilidad de ser amado y de querer amar.
Después muchos filósofos, psicólogos y economistas sostienen que la felicidad tiene mucho que ver con nuestra vida de relación. Nos demuestran que la relación con el otro constituye la única puerta capaz de conectarnos con la felicidad o con aquellos estados anímicos que se parecen como es ahora, el bienestar psicofísico, el equilibrio mental, la serenidad, la paz interior, la armonía espiritual.
La cuestión es que cuando la persona no tiene una motivación para la felicidad, le resulta imposible ser feliz. Frankl apunta a que debemos superar el prejuicio de que el hombre está orientado a ser feliz, a cambio de encontrar un motivo para ser feliz. Esta diferencia, si bien sutil, es tan grande como que, en la medida que persigo directamente el sentimiento de felicidad, pierdo de vista el motivo que puedo tener para ser feliz, mientras que cuando me mueve un sentido, es entonces que surge espontáneamente el sentimiento de felicidad. La experiencia muestra que la felicidad surge como consecuencia y no como búsqueda por sí misma. (Cf. V. Frankl & Pinchas Lapide, Búsqueda de Dios y sentido de la vida. Diálogo entre un teólogo y un psicólogo, Herder, Barcelona, 2005, p. 72)
 Esto pone de relieve la extraordinaria importancia de tener un sentido por encima, incluso, de buscar la propia felicidad. La psicología evolutiva hoy afirma con certeza que el sentido primero y insustituible que más necesita el niño, es el sentimiento de seguridad psicoafectiva que experimenta cuando se siente amado. En la práctica, en la clínica terapéutica observamos que cuando la necesidad de afecto y de estimación no está satisfecha, la persona enferma. "La herida de los no queridos" es el título de un libro que pone de manifiesto esta dramática realidad que afecta directamente a la identidad de la persona y su sentido a la vida. ¡Cuántas heridas de no estimación centran de tal manera la persona en sí misma en busca de felicidad que llena el vacío producido por el amor no experimentado! (P. Schellenbaum, La ferit dei non AMATI: il marchio della mancanza d’amore, Red, Como 1996)
Las heridas de afecto se convierten en heridas del sentido. La persona pierde el sentido de vivir cuando no se siente amada. Es un vacío sin sentido que no tiene edad. Afecta a niños y ancianos, parejas maduras y los jóvenes que se acaban de enamorar.
Convenimos con Michele De Beni que "toda nuestra vida es una búsqueda de sentido caracterizada por dos grandes movimientos psicológicos: la afirmación de sí mismo, de las propias necesidades, expectativas, proyectos y el incesante reclamo a ser con y para los demás  , porque nadie, como afirma E. Lévinas, puede vivir fuera de la relación, sin el rostro, la mirada del otro ". (Cit. E. Lévinas, La traccia dell'altro, Pironti, Napoli 1970 por M. De Beni, Comunicare per amare. Il dialogo nella vita di coppia. Città Nuova, Roma, 2006, p. 56)
La pareja es el resultado del encuentro de dos personas donde cada una desvela un sentimiento de atracción hacia el otro. Lo más inconsciente de esta atracción es la felicidad que cada uno desea recibir del otro. Las expectativas que cada yo proyecta en el tú, ponen en marcha una relación idealizada, que tendrá que superar las pruebas del tiempo y de la realidad, destinadas a madurar el amor que da el verdadero sentido a la relación.
2. EL SENTIDO DEL AMOR
Hoy más que nunca se utiliza la palabra "amor", muy banalizada alrededor de sentimientos y emociones, fuera de un contexto de responsabilidad hacia el otro. No olvidemos que si la responsabilidad constituye un elemento esencial de la relación, lo es de forma especial en la relación de pareja. Hoy, más que en otras épocas, es frecuente abandonar la relación cuando las emociones se acaban, en la búsqueda continua de otra persona que suscite nuevas sensaciones. Motivos? "Se nos ha acabado el amor". Y cuando se confunde el amor con el dominio del otro, considerado una posición propia, de qué amor se habla? Lévinas pone de relieve el fuerte nexo que une la identidad del yo con la responsabilidad hacia el otro. Según él, la posibilidad que cada ser humano tiene de afirmar la identidad de su yo, está vinculada, no sólo a la relación con el otro, sino sobre todo a la asunción, por parte del yo, de una responsabilidad ética frente del otro. (Cf. E. Lévinas, Totalità e infinito. Saggio sull'esteriorità, Jaca Book, Milano 1990)
Si es en la relación con el otro donde el yo encuentra el propio sentido y la propia constitución, (P. Ricoeur, Sé come un altro, Jaca Book, Milano, 1993, p. 78) lo que vincula la pareja no es únicamente la subjetividad individual surgida de la necesidad de que cada uno tiene del otro (hay alguien capaz de amarme?); el verdadero vínculo es aquella "estructura ontológica originaria que establece" entre "el yo y el tú; es una realidad que tiene lugar en la relación "entre" el yo y el tú. (Cf. M Buber, Il principio dialogico, San Paolo, Cinisello Balsamo, Milano, 1993)
Este "entre" es el tercer elemento importantísimo de la relación de pareja, puesto que es en este espacio "entre", donde cada uno ejercita su responsabilidad ética, sobre todo para superar los escollos inevitables de la relación, donde cada miembro de la pareja ha de hacerse responsable de su soledad, de sus heridas, de las angustias y miedos a que el otro lo abandone, de las expectativas que proyecta sobre el otro y de las propias reacciones neuróticas cuando se siente frustrado. Dado que el hombre es un ser dialogante que con simples monólogos no puede llegar a ser nada, y mucho menos hombre y necesita un Ti para convertirse en un Yo, debe responder con el verdadero diálogo que sólo se produce cuando "expresándome a mí mismo, no sólo me dirijo al otro, sino que entro en diálogo con él sobre algo. Y esto tiene mucho que ver con el amor, ya que como dice Saint Exupéry, el amor no consiste en quedarse embobado ante  los ojos del otro, sino en mirar juntos en la misma dirección. Así queda abierto el triángulo. Las miradas se vuelven paralelas, es decir, se pierden en la infinitud y se reencuentran como paralelas sólo en el infinito ... ". (V. Frankl & Pinchas Lapide, Búsqueda de Dios y sentido de la vida. Diálogo entre un teólogo y un psicólogo, Herder, Barcelona, 2005, p. 121)
El triángulo al que se refiere Frankl la abre al amor, que al ser el elemento de unión "entre" el yo y el tú, no es un aspecto periférico o secundario de la existencia humana, sino que es el centro, por lo tanto, algo existencial que pertenece a su misma naturaleza, y abarca todo su ser. (Ct. JL Marion, Dato che. Saggio por una fenomenología della Relazione, SEI, Torino 2001) El amor que une la pareja experimenta diferentes grados de maduración. Esto hace difícil definirlo, porque se presenta bajo múltiples rostros: "Decimos amor al acto fisiológico, al sentimiento de enamoramiento, al heroísmo de quien salva a otro, a la larga vida de una pareja que envejecen juntos, a tantos actos exquisitamente humanos ". (Cf. F. Larocca, el educazione sessuale nella istituzioni, "Pedagogia e Vita", XXXVII / 4 (1975-76), pp. 386-387)
Lo cierto es que en todas estas formas de amor siempre hay presente una constante que llamamos "x", el valor de la cual, no es en todos los casos una expresión madura de amor. A menudo se confunde amor con necesidad y dependencia del otro. El valor de esta "x" depende de un acto creativo, que tiene como intencionalidad construir y dejar ser a la persona amada tanto como a quien ama. El acto creativo más grande de amor tiene lugar en el distanciarse y trascender el yo de sí mismo por amor al otro, que quiere decir, reconocerlo, comprenderlo, aceptarlo, dejarse lo ser él mismo, ser capaz de generar el máximo bien. Cuanto mayor y maduro es el amor de quien ama, más eficaz es la fuerza de su amor. El amor que da sentido busca el bien del otro, tanto o más que el propio bien. La consecuencia es el sentimiento de felicidad. "Son felices, sólo aquellos que han fijado su pensamiento en objetos diferentes a la propia felicidad -sobre la felicidad de los otros, sobre el progreso de la humanidad, o también de un arte o de una investigación-, persiguiéndolos no como medio, sino como ideal de sí mismo. Mirando así a cualquier otro, estos encuentran la felicidad a lo largo de su camino. (...) Pregúntese si sois felices, y de pronto dejaréis de serlo ". (JS Mill, Autobiografia, Carabba, Lanciano, 1919, p. 14)
El acto creativo capaz de generar ese amor tiene su raíz en la decisión personal de convertir el amor en el valor y el sentido fundamental de la relación de pareja, capaz de hacer que el yo, dejándose de mirar a sí mismo , vea el otro, lo acoja y le quiera tal como es. La dinámica del amor que no se mira a sí mismo, es tan natural como la del ojo humano, cuya capacidad para percibir el mundo que le rodea coincide paradójicamente con su incapacidad para mirarse a sí mismo . Cuando - si prescindo del espejo- se ve mi ojo a sí mismo, se pregunta Frankl? (...) El ojo sano no ve nada de sí mismo. Y si llegara a percibir algo de sí mismo, esto indica que está afectada su propia función ". (V. Frankl & Pinchas Lapide, Búsqueda de Dios y sentido de la vida. Diálogo entre un teólogo y un psicólogo, Herder, Barcelona, 2005, p. 92)
Pensadores como Jung, Maslow, Frankl, Fromm y otros, coinciden en que el modelo antropológico que realiza tanto al yo individual como a la pareja es aquel en el que cada miembro hace hincapié en el otro y en la relación de amor que los une. Estos autores ponen en evidencias de que la pareja no se realiza mirándose cada uno a sí mismo. Emprender ambos el éxodo hacia la tercera realidad, es garantía de una vida plena. Ésta, afirma el teólogo Lapide, "no se encuentra en la separación de la confrontación ni en el enfrentamiento del amor-odio ni en el desgarro de la enemistad, sino en la verdadero encuentro en una auténtica unidad de dos" . (V. Frank el & Pinchas Lapide, Búsqueda de Dios y sentido de la vida. Diálogo entre un teólogo y un psicólogo, Herder, Barcelona, 2005, p. 124)
3. EL SENTIDO DEL MATRIMONIO
Convertirse en una unidad de dos, se manifiesta un elemento esencial que da sentido al amor de pareja. Es un aspecto que ambos deben aceptar incluir en su proyecto de pareja, tanto como fundamento y partida de la relación, como objetivo hacia el que dirigir ambos su mirada. Esta unidad de dos, que no se refeix sólo a la unión física, apunta mucho más allá, hacia aquella unidad de pensamiento, sentimiento y voluntad, que el amor recíproco genera. La pareja que invierte tiempo, comunicación, diálogo, reconciliación, esfuerzo, vencimiento, perdón, donación, paulatinamente convierte la relación en espacio generador de vida, en el lugar de la persona. He aquí el sentido del matrimonio. Lapide, en este punto formula una pregunta seria: "Si el hombre es un ser dialógico que necesita un Ti para madurar, para crecer y llegar a ser él mismo, como convencerle amablemente de que ha nacido para amar, de las que sólo a través del otro puede estimarse de verdad a sí mismo? (Ibit, p. 124)
Se trata de una cuestión capital a la vez que un gran reto: entender y aceptar que sólo a través del encuentro con el otro, haciéndome uno con el otro, puedo amarme y realizar a mí mismo  . En este sentido la pareja tiene dos opciones: o toma la decisión de hacer del amor el acto creativo contínuamente renovado, recomenzando las veces que sea necesario, salvándolo por encima de todo como generador de muerte y resurrección del yo, viviéndolo desde el paradigma de la reciprocidad, o poco a poco las inevitables frustraciones surgidas de las diferencias, convierten cada uno en víctima del propio yo, que se enfrenta con el otro a quien se considera frustrador de las propias expectativas, olvidando que sólo se puede fundamentar una relación de pareja asumiendo las diferencias como la riqueza para construirla.
4. EL SENTIDO DE LA RECIPROCIDAD
¿Cuáles son las características de esta "tercera realidad" y cuál el papel que juega en la relación de pareja y en la maduración de sus miembros?
Desde que la pareja se enamora hasta que logra una relación cada vez más madura, su amor pasa por etapas y debe afrontar algunos retos. Parafraseando al psicólogo Pietro Cavaleri (Ct. PACavaleri, Vivere con el altro. Por una cultura della Relazione, Città Nuova, Roma, 2007) que parangona el proceso de maduración de la pareja con las etapas evolutivas, podemos hablar de una fase inicial simbiótica, casi infantil, definida esencialmente por las expectativas afectivas de cada uno respecto del otro. Simplificando mucho, diríamos que en esta fase predomina el individualismo y la necesidad de pertenencia sobre la alteridad, en la que cada uno busca más asegurarse a sí mismo que dar seguridad al otro. En la segunda etapa, que podríamos definirla adolescencial, la pareja es más propensa a satisfacer las exigencias de autonomía y de autoexpresión, afirmando las diferencias individuales, exigiendo que el otro me reconozca diferente, más que yo reconocer al otro diferente a mí. Es evidente que esta exigencia de autorreconocimiento es fuente de muchos conflictos y frustraciones. La tercera fase adulta se caracteriza por la capacidad de la pareja de integrar ambas necesidades: pertenencia y diferencia. Cuando cada uno es capaz de salir de sí mismo y reconocer la necesidad de seguridad afectiva (pertenencia) que tiene el otro, por un lado, y aceptar sus diferencias, por el otro, quiere decir que esta pareja comienza a establecer  su relación en base a la reciprocidad.
Es evidente que en todas estas fases el elemento primordial en juego es el amor, entendido como el sentido que realiza tanto a uno como al otro, cuando cada uno se distancia y se trasciende a sí mismo. Tanto Lapide como Frankl no dejan ninguna duda en que afirma que "quien no para de pensar en sí mismo, no pierde de vista su egoísmo y está siempre pensando en realizar a éste no se realiza. Quien, en cambio, es capaz de negar su Ego, de perderlo o relegarlo a un segundo término, porque hay algo más importante para él que el propio y minúsco Yo, ciertamente se bloqueará al tratar de perderse en otros. O en enamorarse, lo que quizás es el mismo ". Frankl, por su parte, confirma que "el hombre tiene capacidad, fuerza, vocación por superarse a sí mismo, olvidarse de sí, perderse de vista, cuando se entrega a una tarea o a una persona". (V. Frank el & Pinchas Lapide, Búsqueda de Dios y sentido de la vida. Diálogo entre un teólogo y un psicólogo, Herder, Barcelona, 2005, pp. 83, 91, 92) He aquí el sentido de la reciprocidad.
5. EL SENTIDO DEL ESPIRITUAL
La pareja encuentra, no sólo el sentido, sino el gozo en la unión. En algún momento del proceso hacia la unidad, cada miembro de la pareja debe ser consciente de las pruebas y dificultades que inevitablemente deberá superar comportan grados de pérdida de sí mismo y de sufrimiento. Pero, paradójicamente, la experiencia de maduración muestra que "la más otra posibilidad de realización está en el sufrimiento, es decir, no a pesar del  sufrimiento, sino en el sufrimiento, a través del sufrimiento". (V. Frank el & Pinchas Lapide, Búsqueda de Dios y sentido de la vida. Diálogo entre un teólogo y un psicólogo, Herder, Barcelona, 2005, p. 111)
También para afrontar el sufrimiento como posibilidad de maduración es necesario encontrar un sentido, el cual, en el fondo, no es otra cosa que la posibilidad de cambiar la realidad mediante el amor. Un amor que, madurado por el dolor, transforma la relación de pareja en comunión. Una vida de comunión originada y sostenida por el amor recíproco, surge de la capacidad de sentir el otro "como uno que me pertenece", no únicamente para satisfacer mis necesidades afectivas, sino, sobre todo, para compartir sus alegrías, sus sufrimientos, para intuir sus deseos y tomar conciencia de sus necesidades ".
La fuerza de este amor recíproco surge únicamente de la dimensión espiritual, que ni las situaciones más dolorosas no tienen la capacidad de diluir, justamente porque la persona desde su dimensión espiritual tiene la libertad de distanciarse tanto del sufrimiento y de si misma, como de tomar posición frente al sufrimiento. Es esta libertad espiritual la que constituye y realiza la persona, porque -sobratlla Frankl- el ser humano es esencialmente espiritual y lo espiritual es un eje que lo atraviesa completamente, tanto a nivel consciente como inconsciente. (Cf. F. Torralba, Inteligencia espiritual. Plataforma editorial, Barcelona, 2010, p. 102)
Donde encuentra la pareja el sentido último de todas sus vicisitudes para sostener su amor recíproco y convertirlo en comunión, sino en lo espiritual?
La forma en que muchas parejas afrontan momentos trágicos de su existencia, muestra la fuerza de esta dimensión espiritual, haciéndolos libres y capaces de autotrascendencia. Toda la realidad humana se caracteriza por su capacidad de autotrascendencia, es decir, por la orientación hacia algo que va más allá de sí mismo o hacia algú.5
Cada miembro de la pareja es para el otro el primero próximo a quien amar, a quien escoger de nuevo cada día, al que se compromete a amar y a recomenzar una y otra vez a imagen y semejanza de Dios que, siendo Padre y Madre , estima immensamente. Es por ello que parafraseando a la Dr. Lukas podemos decir que el último deber de la pareja no es precisamente protegerse de las cosas desagradables, sino aportar frutos a nuestro mundo desde la confianza en Dios.
Al final de un encuentro de parejas de algunas Comunidades de Base en Brasil, los participantes, personas sencillas, se les invitaba a expresar qué les había impresionado más. Muchas parejas testimoniaron que para ellas lo más importante era la experiencia personal que habían tenido de la unidad y del amor del Dios trinitario, no como el Señor que manda, sino como realidad de comunión que ama; eso los animaba a superar su egocentrismo y fundamentar su relación de pareja en la ayuda recíproca. He aquí la fuerza que surge de la espiritualidad, la que en el ser humano "siempre existe en potencia y sólo este hecho le garantiza su inviolable dignidad". (E. Lukas, Lopotreraia. La búsqueda del sentido, Paidós, Barcelona, 2003, pp. 43-44)
La pareja que encuentra sentido en la espiritualidad, experimenta que incluso el sufrimiento se convierte en posibilidad de autodistanciamiento, de autotrascendencia y de realización personal, porque ... "ninguna situación de la vida está realmente privada de significado y que incluso todo los elementos que parecen rodeados de pura negatividad se pueden transformar siempre en conquista, en realización de valores, en creatividad ". La pareja que vive con sentido su relación es la comprometida a llenar de amor recíproco los actos creativos de su vida cotidiana.
De la espiritualidad que se deriva de la antropología trinitaria, se desprende que el yo es verdaderamente yo sólo si reconoce y estima el tú con quien se relaciona. Cuando este amor bidireccional es recíproco, sana la relación y madura a la pareja hasta el punto de que "Nadie es tanto yo, tanto persona, como aquel que para salvar la trascendencia del otro, se trasciende a sí mismo negándose ... Sólo quien sabe vaciarse, desprenderse, para enriquecerse en la relación, se realiza como persona auténtica ".
Este amor, además, resulta ser el elemento terapéutico por excelencia, en los momentos conflictivos de la pareja, de la misma manera que la falta de este amor se encuentra en el trasfondo de todo proceso degenerativo