INTRODUCCIÓN
La relación de pareja también la podemos comparar a
un viaje que uno emprende al nacer, desde el amor que se recibe, hacia el amor
que se da. Este viaje define el proceso de maduración que todos debemos hacer a
lo largo de nuestra existencia.
“La psicología nos dice que un proceso afectivo
maduro debería pasar de buscar el amor “por uno mismo” al amor por el propio
tú, por la propia pareja, por los hijos, por todo el mundo. El amor es
auténtico sólo cuando alcanza el grado de oblatividad, es decir, cuando se
convierte en don” (Michele De Beni)
La charla que hoy comparto con vosotros tiene como
objetivo, ofrecer algunos elementos que considero esenciales para que la pareja
que se plantea un proyecto de vida en común, disponga de recursos para afrontar
las etapas de su crecimiento y alcance un amor talmente maduro, que dé sentido
y sostenga la relación de pareja.
Planteo esta maduración como un proceso
indispensable para que la pareja supere las dificultades con las que
inevitablemente se encontrará.
Tratándose de un proceso vale la pena decir que la
maduración se alcanza día tras día, a medida que ambas personas, pasan de una
etapa egocéntrica a una nueva etapa cada vez más oblativa. Eso es fácil de
decir, pero se alcanza a lo largo del tiempo, afrontando retos, superando
dificultades, siempre teniendo como hito motivador, capaz de dar sentido a las
dificultades que se presentan, no únicamente amar, sino sobre todo convertirse
uno en “amor”.
La pareja que decide unirse para formar una familia
se siente motivada por el amor. Ahora bien, el amor, apenas al inicio, por sí
solo, no puede hacer que una pareja funcione y madure, cuando las fuerzas que
pueden destruir este amor son demasiado poderosas e inconscientes. Me refiero a
las fuerzas contrarias del ego que se ponen de manifiesto siempre que dos
historias individuales se encuentran para construir un proyecto de vida.
Deseos, expectativas, ilusiones, temores, deseo de mayor
felicidad, deseo de completarse, etc., son fuerzas que mezclan el enamoramiento
inicial, con las necesidades que cada uno proyecta en el otro. La proyección es
inevitable si uno no se observa y no hace consciente la fuerza que aquella
tiene en las relaciones, sobre todo a partir de las primeras desilusiones y
frustraciones cuando la otra parte no satisface las expectativas inconscientes
que había depositado en la relación. Cuando la pareja me desilusiona, es que yo
he proyectado expectativas que la otra parte no me puede satisfacer. En
definitiva, la proyección empieza a diluir un amor de por sí precario, a menudo
aún muy inmaduro, hecho sobre todo de necesidad más que de donación.
La decisión de formar una familia, no es ninguna
garantía ni de amor ni de madurez. El uno y la otra se deben cuidar y ayudarse
a crecer, lo cual comporta un serio compromiso de crecimiento, de aprendizaje
continuo, de conocimiento mutuo, de amor recíproco, tanto a nivel individual
como de pareja.
Se requiere una dosis tanto de amor como de compromiso
para crecer, para integrar los aspectos no sanos y no resueltos de la propia
psicología, que ponen en peligro el proyecto de pareja, si no se ilumina con el
amor recíproco, que quiere decir don de uno al otro.
El amor es una necesidad básica de la persona:
SENTIRSE AMADO Y
AMAR es todo un arte que no se improvisa
sino que se aprende. La paradoja de este aprendizaje la describe muy bien Erich
Fromm en el ARTE DE AMAR:
«La gente de nuestra cultura…
solo en contadas ocasiones trata de aprender este arte. No obstante el profundo
anhelo de amor, casi todo el resto tiene más importancia que el amor: éxito, prestigio,
dinero, poder; dedicamos casi toda nuestra energía a descubrir la forma de
lograr estos objetivos, y muy poca a aprender el arte de amar» (E. Fromm, El
arte de amar, Paidós, Barcelona 1982, p. 17)
Fromm describe de forma muy real, la limitación del
proyecto de muchas parejas, cuando se da por supuesto que todo el mundo sabe amar
o cuando uno no se plantea el amor como arte que se debe aprender a fuerza de
mucha práctica, a fuerza de diálogo, de comunicación, de salir de uno mismo, de
un saberse perdonar y recomenzar continúamente. El amor es concreto. Se aprende
a amar, amando concretamente.
El amor abarca toda la realidad de la persona
humana: la relación con un mismo, la relación con el otro, con el mundo y con
el trascendente. El amor es luz que nace de la verdad y la honestidad con un
mismo y con el entorno. Amor, verdad y libertad van juntos.
1. ¿CÓMO CONSTRUIR UNA RELACIÓN
DE PAREJA FUNDAMENTADA EN LA VERDAD DEL AMOR RECÍPROCO?
Es importante reconocer los TIEMPOS DE LA RELACIÓN
y el trabajo que se debe hacer en cada uno de estos tiempo. Nos referimos tanto al trabajo que comporta integrar los aspectos afectivos a nivel
psicológico (que minan el amor si no se integran), como madurar la afectividad
a nivel superior espiritual (que permite vivir el amor oblativo como verdad
fundante).
1.1 Raconocer los tiempos de la
relación
El Qoèlet, uno de los libros sapienciales del
Antiguo Testamento, concretiza en la capacidad de reconocer los tiempo, uno de
los aspectos más sobresalientes de la sabiduría, cuando dice:
“… un tiempo para nacer y un
tiempo para morir, un tiempo para destruir y un tiempo para construir. Un
tiempo para llorar y un tiempo para reír, un tiempo para lamentarse y un tiempo
para danzar… un tiempo para callar y un tiempo para hablar. Un tiempo para amar
y un tiempo para odiar”. (Qo 3, 2-8)
De la misma manera podemos afirmar, desde un punto
de vista psicológico, cuando nos referimos a la vida relacional y especialmente
a la relación de pareja.
La vida de pareja se fundamenta en un “pacto
conyugal” (Scabini 2006) incluso a unos tiempo o fases, que ponen a prueba la
solidez del pacto y la madurez de las dos personas que se prometen amor y
fidelidad. Este “pacto conyugal” es la base para construir y consolidar el
proyecto de pareja.
El PACTO CONYUGAL se fundamenta en la búsqueda del bien
del otro en cada etapa. Eso da sentido a la relación.
La pareja que aprende a conocer los tiempos de la
relación, está en condiciones de contextualizar mejor qué viven, qué les ocurre,
quién gobierna su relación, y sabe hacer una lectura más adecuada a la hora de
afrontar los retos y los conflictos.
Uno de los grandes retos que la pareja debe
afrontar en cada etapa es cómo encontrar equilibrio entre las necesidades
individuales y las de pareja. Ahora bien:
·
¿Es posible mantener un vínculo de pareja que estimule la realización
personal?
·
Si la reciprocidad es la característica del amor que vincula la pareja, ¿cómo
afrontarla cuando se deteriora o se pierde?
·
¿Cómo activar el tipo de reciprocidad que acoge el otro tal como es, a
pesar de las diferencias y los límites?
·
¿Existen varios grados de reciprocidad?
Sí. Se han hecho estudios sobre dos tipo de
reciprocidad (Kolm, Bruni, Scabini, Cigoli):
A.
Una es la reciprocidad “condicionada” que se guía por el principio: “Trato
al otro, tal como el otro me trato a mí”.
B.
La otra es la reciprocidad “incondicional” que se guía por el principio:
“Trato al otro, tal como me gustaría que me tratase a mí, sin esperar nada a
cambio”.
¿Qué alimenta una reciprocidad que no pone
condiciones, que se propone como valor primordial amar siempre? Solo un amor
que busca el bien y la verdad tiene esta calidad. Ahora bien, apredrerlo es
todo un arte. Los tiempo de la relación ponen a prueba la madurez de este amor
recíproco.
Así pues, a nivel temporal cada acontecimiento,
cada experiencia relacional se puede diferenciar en tres tiempos o fases:
PRIMER TIEMPO: El inicio de la relación o fase de
enamoramiento.
SEGUNDO TIEMPO: El transcurso de la relación o fase
de encuentro con la realidad del otro y con la frustración.
TERCER TIEMPO: El después de la frustración o fase
de refundación del amor recíproco.
2. PRIMER TIEMPO - FASE INICIAL
DE LA RELACIÓN
Es el inicio de una relación que precede a la
experiencia real del otro. La atracción que uno siente por el otro, es la
primera señal de un proceso que apenas empieza, pero no acaba ni se agota en
este sentimiento a veces apasionado.
En esta fase el otro fácilmente es idealizado,
porque le vemos únicamente las virtudes. Nos atrae y deseamos estar el máximo tiempo
posible con esta persona, compartiendo nuestros intereses y todo lo que nos
efecta a ambos. Nos gratifica dedicarle nuestro tiempo, nuestra atención y a
nosotros mismos.
Esta fase inicial está hecha de total y visceral
implicación emotiva. Se caracteriza por el hecho de que vemos en el otro solo
los aspectos positivos o aquellos que mayoritariamente satisfacen las propias
expectativas.
Es más una fase de enamoramiento que de amor
auténtico, un amor incipiente, aún muy interesado.
La relación, en esta fase, suele fundamentarse más
en lo que el otro nos da y satisface, que en el hecho de podernos dar al otro.
Por eso es una fase solapadamente egocéntrica, en la que cada uno goza con lo que
el otro le aporta. Los aspectos negativos aún no se manifiestan con crudeza o
se perdonan fácilmente.
Se hacen proyectos de futuro, que no siempre
definen la totalidad del “PROYECTO DE PAREJA”. La novedad apasionada del
encuentro con el otro, puede incurrir en el peligro de excluir del proyecto,
aspectos importantes de los cuales se debe tener cuidado.
TENER CUIDADO
de:
·
la relación, la comunicación, la escucha mutua,
·
conocerse cada uno a si mismo, a través de la relación con el otro-a,
·
afrontar y resolver conflictos de carácter,
·
ayudarse a crecer y a madurar juntos,
·
mantener el fuego del amor y atizarlo cuando el egoísmo lo apaga,
·
revisar los valores y el sentido que fundamentan la relación,
·
prestar atención al mecanismo de negación de las propias deficiencias,
·
prestar atención al mecanismo de proyección de las propias deficiencias en
el otro-a…
Sin olvidar nunca que la base de todo lo que
sostiene el PROYECTO DE PAREJA ES EL
COMPROMISO DE AMARSE EL UNO A LA OTRA.
La pasión que a menudo mueve esta primera fase, no
deja ver el peligro de constituir la relación sobre la base de una jerarquización,
que genera desequilibrio y tensión, cuando uno adopta un rol de control y de
poder sobre el otro, el cual asume un rol de sumisión, más que de igualdad
entre ambos. Aunque a comienzos se acepta todo de la otra parte, pronto se
manifiesta el desequilibrio entre dos personalidades diferentes. El desequilibrio es intenso y patente, en
proporción a la falta de madurez afectiva y a la falta de trabajo
psicoafectivo. Este déficit se manifiesta poco a poco en los enfados, en los
reproches, en las exigencias que se proyectan sobre la otra parte, con
sentimientos de culpa, de negación y de proyección. Es por eso por lo que hay
que hacer conscientes los escollos que suele encontrar la pareja, en esta fase inicial
de la relación.
2.1 Escollos de la fase 1
1.
No plantearse la relación como un proceso de aprendizaje para construir
juntos el “proyecto de pareja”. El enamoramiento no garantiza que se construya
la relación a partir de un proyecto de pareja. Si no hay un proyecto consciente
y consensuado, el proyecto de pareja es irreal y poco consistente. No hay
proyecto serio o es poco consistente cuando la pareja descuida el crecimiento
personal de cada uno; cuando no tiene bastante cuidado del amor y del bien del
otro; cuando cada parte no es consciente de lo que niega de si mismo y de lo
que proyecta sobre la otra parte, como consecuencia; cuando la relación no se
fundamenta sobre la búsqueda de la verdad y de la libertad.
2.
La jerarquización de la relación, cuando la relación NO se basa en una
“aventura conjunta” y NO se desarrolla en un plano de igualdad, sino de dos
individualidades, que inevitablemente acaban soportándose hasta que “se acaba
el amor”.
3.
Las diferencias de carácter, cuando NO se conocen lo bastante y NO se
integran los diferentes modelos educativos que generan conflicto y
desequilibran la relación, al convertirla en una insatisfacción permanente.
4.
La autorreferencialidad, cuando la pareja se queda recluida en si misma y
no se abre al amor recíproco por falta de autodesprendimiento y de autotrascendencia.
5.
Relación afectivo-sexual poco madura: Cuando NO se respeta el ritmo
afectivo y sexual del otro.
2.2 Recursos para afrontar los
escollos
1.
El PROYECTO de pareja REAL: Incluye el crecimiento personal, tener cuidado
del amor. cada uno tiene en cuenta el propio crecimiento. Hay que hacer
conscientes los mecanismos de miedo, negación, culpa y proyección que sabotean,
tarde o temprano, el proyecto de amor más idealizado.
2.
La IGUALDAD en la relación: Busca “la aventura conjunta” que se desarrolla
en un plano de igualdad y de mutua cooperación.
3.
TRABAJAR el propio CARÁCTER: Descubrir los respectivos personajes y la
dinámica de los vínculos emocionales para alcanzar una relación, no perfecta,
sino equilibrada y sana.
4.
TRABAJAR estrategias de comunicación y negociación. Revisar cómo compensa
cada uno la rutina en la relación.
5.
MADURACIÓN afectivo-sexual. Aprender a respetar las respectivas necesidades
afectivo-sexuals reconociendo los ritmos y tiempos del otro.
3. SEGUNDO TIEMPO – EL ENTREACTO
DE LA RELACIÓN
Es aquella fase durante la cual, con el paso del
tiempo, la pareja hace la experiencia real de quién es el otro. Es el momento
en que se ponen de manifiesto la ambigüidad, las contradicciones y todo lo que
de negativo parecía esconder el otro, cuando se empiezan a percibir sus puntos
débiles y se producen los primeros síntomas de desilusión, cuando ya no
responde como antes a las propias expectativas, cuando pierde la inicial luminosidad,
y muestra, en toda su crudeza, sus límites. Es una fase delicada y difícil, en
la que...
·
…con el tiempo mueren dolorosamente muchos de los sueños, se frustran expectativas
y parece que se hunde el proyecto de compartir con el otro.
…el deseo de darse, antes espontáneo e
incontenible, se transforma pco a poco en un amargo sacrificio, cada vez más
difícil de soportar, hasta que se convierte en un sufrimiento del cual se huye
como sea.
…la relación adquiere un momento muy comprometedor
y resulta difícil no caer en la tentación de querer huir, o de resignarse.
…el otro se convierte progresivamente de
amigo-amado en enemigo-rechazado.
·
Es la fase en que se ponen de manifiesto una serie de juegos neuróticos que
contaminan la comunicación, dificultan el diálogo, minan la confianza y logran
apagar el amor.
·
La comunicación se convierte en una escalada de poder.
·
“Bajar del propio burro”, siempre se vive como un rebajarse humillante. El
orgullo, que no está dispuesto a pagar este precio, logra romper los vínculos
más sagrados.
·
Poco a poco se ponen de manifiesto los respectivos límites que se proyectan
en el otro, que al fin y al cabo solo nos hace de espejo de los propios
límites.
·
El peligro del repliegue en un mismo es lo peor que puede pasar.
·
Es hora de aprovechar estas situaciones como oportunidades para crecer y
madurar.
La llegada de los hijos es una bendición y una alegría
muy grande. La intensidad de la conexión que se establece con los hijos es tan
grande que la relación entre la pareja se debilita porque uno o ambos trasladan
su relación primaria de pareja al hijo. De hecho la llegada de un hijo
representa un reto: Mantener viva la conexión de la pareja y al mismo tiempo
atender al crecimiento de los hijos.
3.1 Escollos de la fase 2
1.
IGNORAR la propia VULNERABILIDAD, considerándola una debilidad, lo cual
activa aún más los juegos de poder y los mecanismos de defensa neuróticos.
2.
REFUGIARSE en el JUICIO pone en marcha una de las principales fuerzas
destructivas de la relación, tanto si se hace sobre el otro, como sobre un
mismo mediante la autocrítica destructiva.
3.
REFORZAR los mecanismos del ego, como son: la negación, el sentimiento de
culpa, y la proyección de las propias limitaciones sobre la pareja. Eso
prolonga la incomunicación que poco a poco agota la relación.
4.
LA ARRIBADA de los HIJOS debe servir para equilibrar la relación de la pareja,
no para compensar las frustraciones que ya se han empezado a percibir.
3.2 Recursos para afrontar los
escollos de la fase 2
1.
APRENDER A SENTIR EL PROPIO NIÑO-A VULNERABLE que nos acompaña siempre y
necesita ser cuidado y atendido.
2.
APRENDER A COMUNICAR a la par ejalos sentimientos de vulnerabilidad.
3.
HACER CONSCIENTES los mecanismos que utiliza el ego para mantener el
control y el poder sobre la otra parte. Saber que lo importante «No es lo que
decimos o hacemos, sino quien en nuestro interior lo está diciendo o haciendo»
(el ego = el yo inferior o bien el Espíritu = el yo superior).
4.
RENUNCIAR totalmente al JUICIO y cambiarlo por DIÁLOGO Y COMUNICACIÓN,
dispuestos a madurarlo convirtiéndolo progresivamente :
A.
DE DIÁLOGO COMO INSTRUMENTO para afrontar las diferencias, las limitaciones
y los conflictos; para compartir y
crecer juntos...
B.
A DIÁLOGO COMO RECIPROCIDAD para vivir el don de si al otro; para
satisfacer las necesidades del otro y vivir la reciprocidad incondicional.
4. TERCER TIEMPO - MOMENTO DE REFUNDACIÓN
La fase de refundación de una relación requiere
unas condiciones mínimas e indispensables para poderla afrontar:
·
PRIMERO: Solo puede iniciarse después de que hemos hecho la experiencia
real del otro. Mientras estemos indentificados con los aspectos ilusorios de lo
que la otra parte nos aporta, es imposible percatarse de la realidad.
·
SEGUNDO: Tomar conciencia de las propias reacciones neuróticas repetitivas
y/o desproporcionadas. Si solo veo las de la otra parte, no estoy con
predisposición de rehacer la relación en aquellos aspectos que el ego ha
deteriorado.
·
TERCERO: Tomar conciencia del malestar y el sufrimiento que activan los
mecanismos de defensa.
·
CUARTO: Un momento importante en el proceso de percatarse es lograr tomar
la decisión importante de no proyectar sobre el otro los propios límites, y no
delegar en el otro la solución de los propios problemas.
·
QUINTO: Gran parte de este cambio de actitud, depende sobre todo de la
capacidad de elaborar la rabia y el resentimiento, la negación, la culpa y la
proyección, acogiendo la otra parte tal como realmente es, aceptándola con sus
límites en el contexto de una relación siempre en disposición de renovarse.
·
SEXTO: Abrir cada uno la propia herida a la verdad y a la reciprocidad,
para encontrar un lugar en el que compartir y una ocasión de crecimiento.
Cuando la relación entra en una fase crítica…
·
podemos escoger cerrarnos en nosotros mismos, no poner en marcha ningún
cambio, dejar morir las cosas, con la excusa que se ha acabado el amor…
·
podemos escoger cambiar la herida sangrante en apertura vital; podemos
decidir fecundar con vida, la muerte incipiente, activando en nosotros la
dormida capacidad de acoger la otra parte; ver en sus fragilidades la misma
fragilidad que nos hemos obstinado en negar y excluir de nosotros; hacer
consciente que todo lo que niego de mí, acabo siempre proyéctándolo en la otra
parte.
4.1 Escollos de la fase 3 a nivel psicológico
1. CONVERTIR AL OTRO EN CHIVO EXPIATORIO de los
propios sufrimientos.
2. REFUGIARSE EN EL SENTIMIENTO VICTIMISTA que
manipula al otro y lo hace sentir culpable.
3. IGNORAR LA REALIDAD DE LA RELACIÓN. Hay que
entender que una pareja no es una relación entre dos personas, sino entre dos
grupos de subpersonalidades que interactúan constantemente.
4. ATRINCHERARSE en los PROPIOS FANTASMAS Y MIEDOS
como si uno fuera la única víctima.
5. CERRARSE EN LA PROPIA VISIÓN DE LAS COSAS
olvidando la búsqueda de la verdad.
6. IGNORAR LA REALIDAD DEL OTRO. Quien desconoce la
psicología del ego, siempre acaba juzgando al otro y eso es lo peor para
refundar la relación.
4.2 Escollos de la fase 3 a nivel espiritual
1. INCAPACIDAD DE ASUMIR EN PRIMERA PERSONA LAS
PROPIAS RESPONSABILIDADES, responsabilizando el otro de los propios males.
2. PONER CONDICIONES A LA RECIPROCIDAD, limitando
la capacidad de darse al otro.
3. INCAPACIDAD DE ENCONTRAR SENTIDO A LAS
DIFICULTADES Y AL DOLOR que comporta crecer y madurar.
4. NEGARSE AL PERDÓN de un mismo y del otro.
5. INCAPACIDAD DE RECOMENZAR, dejando de convertir
las dificultades en oportunidad de crecimiento.
6. FALTA DE COMPROMISO PARA APRENDER EL ARTE DE
ESTIMAR, y convertirse en don.
5. RECURSOS Y ORIENTACIONES PARA
TRABAJAR LA REFUNDACIÓN A NIVEL
PSICOAFECTIVO.
Las dificultades que surgen con el tiempo, ponen de
manifiesto los aspectos de carácter que cada miembro de la pareja no ha sanado
ni integrado. De hecho, la relación se deteriora cuando se reclama al otro,
aquello que cada uno necesita para sentirse bien.
5.1 Tomar conciencia de los
mecanismos del ego
Un trabajo importante del crecimiento personal (que
debe formar parte del proyecto de pareja) es la identificación de los
respectivos mecanismos del ego. La realidad es que muy pocas parejas los
contemplan. La maduración psicoafectiva pasa por el conocimiento del yo
inferior, que actúa en detrimento del yo superior.
EL YO INFERIOR
Habitualmente llamado ego. Tiene dos maneras de
reaccionar:
1.
el ego busca aprobación fuera, en el entorno; vive de la imagen, la cual
desarrolla a lo largo de la vida para protegernos del mundo. El ego acaba
definiendo la base de nuestra «personalidad neurótica», nuestra manera de
«estar». El ego, literalmente, nos hace
creer que somos lo que tenemos o lo que los otros piensan de nosotros. El ego
tapa y protege a nuestra sensibilidad y vulnerabilidad y trata de protegernos
del dolor y el fracaso. Intenta lograr que nos amen por lo que hacemos, por lo
que creemos que los otros esperan de nosotros.
2.
El ego rechaza todo lo que cree que atenta a la imagen que se fabrica para
lograr la seguridad afectiva de la que carece. Cualquiera de las partes de
nuestra personalidad que rechazamos o negamos, nos será vuelta por la vida a
través de personas que son exactamente como estas partes o aspectos que negamos
o rechazamos de nosotros mismos. No hay forma de escapar de ellos, mientras
negamos o rechazamos partes no reconocidas de nosotros mismos. Integrarlas de
manera segura y protectora es la lección que debemos aprender.
Nuestra pareja es nuestro mejor maestro, así como
las personas que en la vida nos reflejan nuestros personajes rechazados, son
los nuestros mejores maestros.
La relación de pareja se deteriora cuando se ignoran todos estos personajes.
5.2 Reapropiarnos de las propias
proyecciones aprendiendo a gestionar figura-fondo
Somos 90% proyección.
La ley de figura-fondo, establece que las figuras tienden a destacarse como conjuntos limitados y estructurados que constituyen una figura que se destaca de un fondo amorfo.
Del conjunto ilimitado de estímulos, siempre
escogemos el que nos interesa más a cada instante: aquello que elegimos es la
FIGURA; aquello que no se tiene en cuenta es el FONDO.
Las figuras tienen una conexión con el fondo. El
fondo es inconsciente.
Cualquier conflicto que surge en la relación de pareja, siempre es porque alguna FIGURA toca algo del FONDO no integrado. Eso es doloroso y desequilibra la relación.
Aprender a identificar las FIGURAS coflictivas que
continúamente interfieren y condicionan la relación, es fundamental para
poderlas integrar. El ego siempre reacciona a las FIGURAS del presente, de
acuerdo con las vivencias guardadas en el FONDO en el pasado. La pareja que
desconoce estas conexiones, no dispone de los recursos necesarios y
fundamentales para solidificar su relación de pareja en el amor oblativo.
6. RECURSOS Y ORIENTACIONES PARA
TRABAJAR LA REFUNDACIÓN A NIVEL
ESPIRITUAL.
Las dificultades de la pareja forman parte del proceso de crecimiento y maduración. La cuestión es cuestionarse sobre qué recursos dispone para afrontarlos. Un recurso clave es cuestionarse sobre el SENTIDO DEL VIVIR desde el UO SUPERIOR.
EL YO SUPERIOR
Forma parte del ámbito del Espíritu. Tiene dos
maneras de promover el crecimiento y la maduración:
·
Mediante la relativización del yo y el autodistanciamiento y el
autotrascendencia como presupuesto para el crecimiento del yo, dentro de la
relación de pareja, capaz de desarrollar también al otro. (Flankl, 1962)
“Gracias
al AUTODISTANCIAMIENTO, el ser humano puede apartarse de si mismo, maniobrar a cierta distancia desde la
cual las cosas cobran una nueva luz. Gracias a la AUTOTRASCENDENCIA, puede aplazar temporalmente intereses
que le afectan, para entregarse a una
tarea importante que la espera, o para quedar disponible para otras personas que le pueden
necesitar”. (Viktor Frankl)
·
Mediante la dinámica del “saber perder”, la cual garantiza el desarrollo
integral de la personalidad, ya que libera el yo de sus condicionamientos y lo
realiza de forma más plena y madura. (Silvano Cola, 2001) La dinámica del
“perder”, continuamente se hace presente en la vida cotidiana. La cuestión es
aprender a “saber perder”, ya que toda pérdida se vive como un sacrificio, como
una pequeña muerte. Jung hace un análisis profundo y radical, desde una óptica psicológica…
¿Como será desde una opción de amor?
“Lo
que yo sacrifico es mi reivindicación egoísta, y hacíéndolo así renuncio a mí
mismo. Por eso, cada
sacrificio es, más o menos, un sacrificio del yo, cuyo grado depende de la importancia del don. Por eso que, si
el don tiene para mí un gran valor y hace referencia a mis sentimientos más personales, he se añadir que ciertamente la
renuncia a la reivindicación
egoísta incitará de alguna manera a la personalidad de mi yo, a la revuelta”. (Jung)
6.1 El sentido de la relación
Victor Frankl ha demostrado el inevitable deseo que tiene el ser humano de encontrar un sentido a todo lo que vive y hace. Dice:
“Cuando el ser humano encuentra
un sentido, entonces ( y solo entonces) es feliz… Sin embargo, como
consecuencia, también entonces es capaz de sufrir”.
“La persona solo es completamente humana cuando se abre completamente en una cosa, o está completamente entregada a otra persona. Y solo se vuelve completamente ella misma cuando hace la vista gorda y se perdona a si misma”.
“La esencia de la existencia
humana se encuentra en su autotrascendencia. Por autrotanscendencia de la
existencia humana entiendo el hecho antropológico (que está a la base), de que
el ser humano siempre se remite a algo más, que se encuentra más allá de si
mismo y que no es él mismo, a algo o también a alguien: a un sentido que debe
realizar o a un próximo con el cual se encuentra”.
6.2 El sentido del amor recíproco
Encontrar un sentido a la relación de pareja, requiere una actitud básica de búsqueda de significados de dimensiones más amplias a la de estar simplemente juntos. ¿Dónde se encuentra este sentido de la vida humana, sino en el amor y no en un amor cualquiera?
La pareja abierta a la dimensión espiritual,
encuentra un sentido aún más profundo en “el intento
de traducir en vida la experiencia vivida de la caridad, con el fin de suscitar
en la historia de los hombres, historias de amor, historias de “caridad”,
gracias a “la sabiduría del amor”. (Bruno ‘Forte', La
teología come sapienza delel amore. Internista a Bruno ‘Forte'. En Nuova Umanità,
VIII, (1986/1), núm. 43, p. 58)
La experiencia espiritual convierte el amor en
ágape, es decir en caridad, el cual transforma el amor humano en amor
sobrenatural, porque cuando el amor es solo humano, progresa durante un tiempo,
pero después empieza a diluirse, porque el entusiasmo decae cuando falta la
conexión con la Fuente del único y auténtico Amor.
Si bien las primeras vibraciones de amor las
experimentamos a un nivel humano, incluso biológico, este mismo amor está llamado
a madurar según el modelo de la Fuente de Amor. Es esta Fuente la que pone en
el corazón del hombre la capacidad de madurar y llevar a plenitud el amor.
Cuando eso se tiene claro y uno se propone llevar el amor a este nivel de
plenitud, entonces el amor pasa a ser sobreantural. El amor sobrenatural, que
no rechaza ni menosvalora lo humano, sino que eleva el amor humano, tiene las cualidades
especificas del arte de amar. Las características de este amor son:
1. Ama a todos
escuchando y acogiendo su punto de vista, cosa que comporta salir de un
mismo y de los propios esquemas. Es un amor activo que toma la iniciativa de ir
al encuentro del otro.
2. Ama el primero sin pensar si el otro me amará a
mí. Acepta el riesgo de dar el primer paso amando el otro, aunque no encuentre
correspondencia o sea parcial o tardía.
3. Ama concretamente tal como el otro necesita ser amado;
desplaza la atención sobre el propio yo, dejando de considerarlo el centro de
atención, para poner la atención en el bien del otro; relativiza las propias
emociones a favor de un valor que se considera prioritario: cuidar el vínculo
de pareja.
Estudios realizados ponen de manifiesto que las parejas
dispuestas a refundar su relación teniendo como referente EL AMOR RECÍPROCO,
encuentran en el arte de amar, un paradigma capaz de darles SENTIDO y hacerlos
hacer experiencias de RECIPROCIDAD INCONDICIONAL.
CONCLUSIÓN
Cada una de las tres etapas comporta trabajos muy
definidos. Hoy he expuesto el planteamiento teórico. El trabajo práctico lo
plantearé en próximos temas.
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